Civiles israelíes intentan resguardarse, al sonar una alarma en la ciudad de Beer Sheba, indicando que un cohete está en camino al lugar.
Civiles israelíes intentan resguardarse, al sonar una alarma en la ciudad de Beer Sheba, indicando que un cohete está en camino al lugar.
El escritor israelí y activista por la paz Amos Oz consideró que no hay otra alternativa que la operación militar en la Franja de Gaza.
Paraguay objetó ayer la intención de los demás miembros del Mercosur de emitir una declaración contra Israel por la ofensiva que promueve en la Franja de Gaza.
Acá, en Jerusalén, las sirenas sonaron mucho menos que en Tel Aviv, la cosmopolita ciudad de las mil y una nacionalidades, donde niños y ancianos, judíos y árabes, israelíes y extranjeros viven en constante y literal estado de alarma desde hace más de un mes. Prácticamente todos los días la aplicación que avisa de los próximos misiles (detalles de las guerras modernas) los manda a los refugios, a las escaleras más cercanas o a encogerse debajo de un banco para protegerse del potencial impacto de los misiles gazatíes y sus esquirlas. En la capital, las sirenas sonaron mucho menos y, además, nadie olvida los terribles años de la Segunda Intifada, en especial el nefasto 2002, cuando era habitual sufrir el espanto de los kamikazes de Hamas reventando los autobuses, cafés y restoranes en los que todos tenían alguna historia. La situación para Jerusalén podría ser mucho peor, pero involucra a todos.