Pues aunque suene quizás un tanto meloso de más, es este tipo de pensamientos el que nos acompaña siempre que entramos al Departamento de Cardiología Pediátrica en el Hospital Wolfson de la ciudad de Holon en Israel, por el que pasan diariamente no solamente niños israelíes de distintas religiones , sino también niños llegados de otros lares. Son todos niños con distintos problemas de corazón, en cuyos países la medicina no está suficientemente desarrollada y por ende, corren peligro. Han sido ya casi 4000 niños, de 50 países -también de países que no tienen relaciones diplomáticas con Israel- los operados en el marco del proyecto «Salvar el Corazón de un Niño», que funciona en el lugar.