El 5 de julio de 1950, la Knesset (Parlamento israelí) promulgó una de las principales leyes del Estado de Israel: la Ley del Retorno, que concede la residencia y ciudadanía a todos los judíos o descendientes de judíos hasta la tercera generación de cualquier lugar del mundo que deseen emigrar al Estado hebreo, con sus beneficios, derechos y obligaciones. Esta Ley otorgó un marco legal a una de las máximas aspiraciones del Movimiento Sionista: que los judíos puedan inmigrar libremente a Eretz Israel (la tierra de Israel), algo que durante el Mandato de Gran Bretaña había estado limitado.