Todos los días, sin falta, Shirin Ebadi (70) habla de Irán. Ese país que dejó hace casi una década cuando su única alternativa fue el exilio. Ese Estado donde fue jueza y abogada, hasta que la revolución islámica le quitó ambos honores; donde fue encarcelada y donde defendió a los prisioneros políticos. Con su voz «dulce», pero que algunos escuchan amarga, va por el mundo dando su versión sobre ese trozo del mapa. Y así llegó a Uruguay.