Algunos comienzan con el atentado terrorista en Buenos Aires de 1992 cuando destruyeron la Embajada de Israel, otros lo llevan a dos años más tarde cuando el atentado a la AMIA, y algunos hasta lo han querido comenzar en 2005 cuando el régimen de Chávez abrió puertas y ventanas para que iraníes y miembros de Hezbolá se instalaran en Venezuela y viajaran sin problemas con pasaportes de dicho país por toda América Latina. La realidad es que Irán comenzó su tarea enseguida de su revolución que llevó a los Ayatolas al poder. Que las dictaduras latinoamericanas de los 80 no lo quisieron ver, es otra cosa. Pero aquí estaban, y por ello, los atentados fueron preparados con mucha antelación y con las conexiones locales que sólo se logran cuando se hacen “tareas” a largo plazo.