El campo de concentración de Ravensbrück, creado por el régimen nazi como un espacio exclusivamente destinado a mujeres, fue escenario de algunas de las formas más crueles de persecución, explotación y resistencia durante el Holocausto. A través de testimonios, relatos y hasta gestos mínimos de supervivencia —como susurrar canciones o compartir recetas imaginarias—,