Cuando la hija de los Reyes Católicos, Juana La Loca, se casó con Felipe el Hermoso, el heredero del Sacro Imperio Germánico, ese casamiento le permitió a su hijo Carlos II, luego Carlos V de España, recibir como legado, uno de los mayores Imperios que conoció la historia. Ese Imperio “donde nunca se ponía el sol” contaba entre sus integrantes a los Países Bajos, quienes durante el reinado del rey Felipe II, fuertemente instalados en el protestantismo calvinista, se rebelaron contra el intolerante catolicismo español.