Cuando llegó a Israel, Gabriel Burstein tenía 19 años y, por sacar número bajo en el sorteo, recién había evitado el servicio militar en Argentina. Había viajado para visitar a su padre, que hacía ya un tiempo que vivía allí, y el país le gustó tanto que decidió quedarse. Casi 25 años después de aquella decisión, el argentino atraviesa su desafío profesional más grande: hace poco más de un mes asumió como entrenador de la selección femenina de fútbol de Israel.