El papa Francisco dice que su cuadro favorito es La crucifixión blanca, que Marc Chagall pintó en 1938. Aquél fue el año de la noche de los cristales rotos, de los ataques de paramilitares y civiles nazis contra ciudadanos judíos en Alemania y en Austria. El cuadro representa a Cristo con un talit, el chal utilizado para los ritos judíos, y el INRI está traducido al hebreo. A su alrededor, se ve una sinagoga ardiendo, un pueblo asaltado en llamas y los perseguidos en plena huida.