El 31 de marzo de 1492 Fernando e Isabel dictaron el edicto de expulsión de todos los judíos y moros de sus territorios dándoles plazo hasta el 31 de julio del mismo año para abandonar España o convertirse al catolicismo. Unos trescientos mil hebreos, (o más, según la fuente consultada), abandonaron la tierra en que sus antepasados se habían refugiado hacía más de mil años.