En pleno barrio Once (Buenos Aires), cerca de las tiendas de textiles, hace más de cuatro décadas que en la rotisería Olam preparan un pastrón totalmente artesanal. No por nada a José Oberberg en todo el barrio lo llaman el «rey del pastrón». Su sándwich es un clásico que muchos disfrutan sentados en la barra, hasta el humorista Jorge Porcel que era un cliente fiel. «El que sabe comer, sabe esperar», dice un cartel pegado en la pared de la rotisería. Y quienes probaron la comida casera de Olam, saben que la espera vale la pena. Con una decoración simple y sin muchas pretensiones, el local conserva el mismo mobiliario hace cuarenta años: un largo mostrador, la heladera exhibidora repleta de especialidades judías y una barra con altas banquetas.