A Aida Oceransky le gusta ponerse en la placita de la calle Cimadevilla antes de que cambie de nombre y se convierta en la Rúa, entre Altamirano y San Antonio, y mirar la que fue «la calle más alta de la ciudad antigua» y de donde procede su nombre. Le gusta así «imaginar cómo los primeros judíos traídos aquí desde Francia para atender a los peregrinos que hacían la ruta Xacobea se fueron instalando y convirtiéndola en una importante vía comercial». Ellos «conocían la medicina, eran cambistas, artesanos»…