“Goodbye-boys” en los perezosos días de verano de finales de 1930, tres adolescentes soviéticos deambulaban por las calles de una pequeña ciudad costera a la vez que su juventud se escabullía y los telares de la Segunda Guerra Mundial se tejían. Los niños, de los cuales uno es judío, miraban hacia el futuro de sus carreras militares, alejándose de los padres sobreprotectores, y convirtiéndose en héroes.