El 9 de noviembre se iba a celebrar una manifestación antirracista en Umeå, en Suecia, para conmemorar la Kristallnacht (la noche de 1938 en que 400 judíos fueron asesinados en Alemania, y otros 30.000 varones judíos detenidos y enviados a los campos de concentración). Solo tenía una pega: los judíos de Umeå no habían sido invitados a la manifestación. La razón que se dio, según uno de los organizadores, Jan Hägglund, es que la manifestación «se iba a percibir como una situación desagradable o insegura para ellos».