El Rabino Edelkopf y su familia, han recibido la orden de abandonar Rusia, considerados una amenaza para la seguridad nacional. Sin embargo, no tanto tiempo atrás, el Kremlin los usó como prueba de que Rusia acoge a las minorías. Para el momento en que se abrieron las Olimpiadas, podían ofrecer servicios religiosos en tres sinagogas y alimentos kosher para miles de personas.