En octubre, el Departamento de Estado de EE.UU. notificó al director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) que Estados Unidos se retiraría del organismo de la ONU. Estados Unidos citó la necesidad de una reforma fundamental, el aumento de los atrasos y un “prejuicio continuado contra Israel” en la organización. Pero el problema es mucho más profundo: la UNESCO niega el derecho de Israel a existir, un hecho que sus defensores harían bien en reconocer si realmente quieren reformar la agencia.