No es la primera vez que nos hemos visto obligados a reflexionar sobre el antisemitismo y sus vertientes contemporáneas, en este caso debido a la tragedia en Pittsburgh hace unas cuantas semanas. Once judíos- la mayoría ancianos- orando en su sinagoga, perdieron la vida a manos de un antisemita desquiciado motivado por el imperante discurso de odio y por el acceso ilimitado a armas. Tampoco es novedoso que, derivado de este crimen de odio, observemos con espanto y un sentido profundo de déjà vu la normalización de una visión intolerante y polarizada de la sociedad americana que percibe a los judíos y otras minorías como los enemigos y cómplices en la edificación de sociedades inclusivas y diversas. Como observadora de la realidad latinoamericana, todo esto me ha conducido inevitablemente a reflexionar si es posible que dicha región- con comunidades judías pequeñas, bien integradas e influyentes- pueda verse azotada por escenarios similares en momentos de profunda polarización mundial y reivindicación de tribalismos.
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