¿Un uruguayo sanducero, querido por todos, asesinado a puñaladas por ser judío, por otro uruguayo convertido al Islam? Increíble…también ahora lo parece, cuatro años después.
¿Un uruguayo sanducero, querido por todos, asesinado a puñaladas por ser judío, por otro uruguayo convertido al Islam? Increíble…también ahora lo parece, cuatro años después.
Hace un año, el centenario desfile de Carnaval de Aalst en Bélgica se hacía famoso por una repugnante muestra de antisemitismo en carros alegóricos y disfraces que Hitler hubiera aplaudido con fruición. En 2019, UNESCO lo sacó de su lista porque consideró que la exhibición era inadmisible. Sin embargo, en 2020 la historia volvió a repetirse.
Al observar el problema del antisemitismo a través de la lente de la ‘confirmación de prejuicios’, podemos comprender mejor el cómo ha persistido tan obstinadamente a lo largo de los siglos.
Hace poco conmemoramos 75 años de la “liberación” del campo de exterminio de Auschwitz, sin embargo, en estos tiempos enfrentamos un impresionante incremento del antisemitismo y una de sus fuentes se halla en el mundo árabe e islámico, especialmente el radical. Este tipo de odio tiene varias vertientes. Una de ellas está en El Corán y en la historia de Mahoma. A raíz del renacimiento de Israel, la mayoría de los judíos de estos países, unos 850.000 que en muchos casos integraban comunidades milenarias, se vio forzada a emigrar y un buen número fue absorbido por el Estado judío.