Carta a los palestinos de Gaza

21/Jul/2014

La República, Egon Friedler

Carta a los palestinos de Gaza

Es con el corazón
apesadumbrado que les escribo hoy. Gaza está ardiendo. La frontera con Israel
está bajo fuego. Niños en ambos lados de la frontera están aterrorizados,
traumatizados, heridos en cuerpo y alma. ¡Valiosas vidas se pierden a cada
instante! ¡Corre la sangre! ¡Abundan el dolor y las lágrimas!
Lamentablemente eso nos
es familiar, demasiado. Estoy sentada en mitad de la noche en mi hogar junto al
mar. Ese mar que es nuestro, el Mediterráneo, nuestra cultura, el de nuestro
pueblo andariego, el de los sin hogar, los nostálgicos, los constructores, los
sobrevivientes. Nuestros sueños son como las olas, y dialogan con la luna y las
estrellas sobre la eternidad.
Desde ese fatídico día de
1994 cuando asesinaron a Rabin a pocos pasos de donde yo estaba, dediqué gran
parte de mi vida pública a cantar y a hablar por la paz.
Vi el proceso de paz
levantarse y caer como los senos de una mujer respirando durante la noche. Vi
muchas oportunidades desperdiciadas. Lamentablemente mucha obstinación,
ignorancia y estrechez de miras se cruzaron por el camino. Un absurdo orgullo
pisoteó numerosas esperanzas.
Canté y hablé. A veces
discutí y abracé a extraños. Muchas veces me conmoví hasta las lágrimas e hice
los amigos más inesperados…. Amigos por quienes cruzaría fronteras bajo fuego
para darles protección.
Y hoy yo digo esto:
tenemos un enemigo común, un enemigo terrible y tenemos que unirnos para
vencerlo. Ese enemigo es el fanatismo, amigos míos. Ese enemigo es el
extremismo en todas sus grotescas manifestaciones. Ese enemigo está encarnado
por todos aquellos que colocan a Dios por encima de la vida, que pretenden que
Dios es su espada y su escudo y que combaten por él. Todos ellos son víctimas
de un horrible fanatismo. Yo a menudo hablé contra el fanatismo en mi país,
porque lo considero detestable. En el gobierno, en las colonias en Cisjordania,
en las sinagogas. Muchas veces arriesgué mi carrera y mi bienestar en esa
lucha.
Ahora veo el horrible rostro
del fanatismo, veo sangre en sus manos y conozco uno de sus muchos nombres:
Hamas.
Ustedes conocen a este
terrible monstruo. Saben que viola a vuestras mujeres y envilece a las
inocentes mentes infantiles. Ustedes saben que educa para el odio y la muerte.
Ustedes saben que es
chauvinista y violento, codicioso y egoísta, y que se nutre de vuestra sangre
mientras evoca el nombre de Alá en vano, se oculta como un ladrón y utiliza a
inocentes como escudos humanos, utiliza mezquitas como arsenales, miente y
estafa, y los usa a ustedes como rehenes.
¡Yo sé que eso es verdad
y que ustedes lo saben! Pero no pueden hablar por miedo. Pero yo sí puedo
hablar.
Tengo el privilegio de
vivir en una democracia donde las mujeres no son objetos sino presidentes,
donde una cantante puede decir lo que se le antoja. Yo sé que ustedes no tienen
ese privilegio (pero estoy segura de que algún día lo alcanzarán, inshalla)
Yo sé que ustedes están
hartos de ser mantenidos como rehenes por ese demonio, esa terrible bestia, que
está en Gaza, pero también está en Irak, en Afganistán y en todas partes. ¡Pero
ustedes son un pueblo destinado a florecer en paz! ¡Su majestuosa historia
ofrece abundantes testimonios de creatividad en la literatura, la ciencia, la
música!
A veces los veo en las
calles, haciendo manifestaciones de apoyo a los monstruos, gritando muerte a
los judíos, muerte a Israel. Pero yo no les creo. ¡Sé dónde está vuestro
corazón! Está donde está el mío, con mis hijos, con la tierra, con el cielo,
con la música, con la esperanza.
Yo sé que en el fondo de
vuestros corazones ustedes desean la derrota de la bestia llamada Hamas que los
ha aterrorizado y asesinado, que ha convertido a Gaza en un estercolero de
pobreza, enfermedad y miseria, y los ha sacrificado en su sangrienta locura de
orgullo y codicia.
Mis hermanos, lloro por
ustedes y también por nosotros. Lloro por mis compatriotas que sufren por las
bombas arrojadas en el Sur, en el Norte y en todas partes. Lloro por los
soldados secuestrados y muertos, por las familias enlutadas, por la inocencia
perdida para siempre. Pero lloro especialmente por ustedes porque conozco
vuestro sufrimiento.
Solo espero que Israel
pueda hacer la tarea que debe ser hecha y finalmente logre librarlos de este
cáncer de fanatismo llamado Hamas. Y espero que un resto de compasión aún
exista en sus corazones para que dejen de usarlos a ustedes y a sus hijos como
escudos humanos.
Y quizás tengamos una
oportunidad de caminar despacio el uno hacia el otro y darnos tímidamente las
manos, mirarnos en los ojos llenos de lágrimas y decir con voz ahogada “Shalom,
salam. Ya basta. Ya basta, hermano mío”.
¿Quieres un café? Quédate
un poco, hablemos, conocemos las palabras y las canciones y sabemos cuál es el
camino…
Shalom. Salam. Con un
corazón quebrado que aún añora el amor. Vuestra amiga.
NOA.
Este texto se publicó en
enero de 2009, durante la crisis anterior entre Hamas e Israel, pero conserva
toda su actualidad. Su autora es una cantante popular israelí de fama
internacional y militante pacifista. Traducción de Egon Friedler.