“No puedo prometer que encontraremos a las
niñas de Chibok”, reconoció ayer el presidente electo de Nigeria, Muhamadu
Buhari, en el primer aniversario del secuestro de 276 menores por parte de los
islamistas de Boko Haram. Sus palabras demuestran la impotencia de un gobierno
ante un grupo que en un año secuestró a más de 2.000 mujeres y niñas, según
reveló Amnistía Internacional.
Boko Haram opera desde el año 2009 en Nigeria
pero se hizo más conocido cuando hace un año –que se cumplió ayer– secuestró a
276 estudiantes de una escuela secundaria de Chibok, una pequeña ciudad en el
noroeste del país. Se generó una ola de indignación internacional (en internet
se divulgó la campaña “#BringBackOurGirls”, devuelvan a nuestras niñas) y
algunas pudieron escapar de los captores, pero 219 permanecen desaparecidas.
Lo último que se supo de ellas fue a través de
un video difundido por la organización en mayo de 2014, donde se las veía
cubiertas con el velo islámico y recitando el Corán. El jefe de Boko Haram,
Abubakar Shekau, declaró que se habían convertido al islam y que las había
“casado a la fuerza” a todas.
Hace pocos días el ejército afirmó que sabe
dónde están las niñas pero afirma que una operación de rescate sería demasiado
arriesgada. Algunas menores se encontrarían en la selva de Sambisa, otras en
las inmediaciones del lago Chad y en la cadena montañosa que separa a Nigeria
de Camerún. Otras 70 habrían sido trasladadas al vecino Chad.
“No sabemos si las niñas de Chibok pueden ser
rescatadas. Su paradero sigue siendo desconocido. Por mucho que lo desee, no
puedo prometer que las encontraremos”, expresó a través de un comunicado el
presidente electo, ganador en marzo de las presidenciales.
El aniversario del secuestro coincidió con la
divulgación de un informe realizado por Amnistía Internacional en base a
entrevistas en el terreno. La organización documentó 38 casos de secuestros
masivos cometidos por el grupo islamista y concluyó que el total de mujeres
desaparecidas en este último año son 2.000. Boko Haram ejecutó a unos 5.500
civiles y en total unas 15.000 personas murieron en los últimos seis años como
consecuencia de los insurgentes y de su represión por parte del ejército.
Secuestrada en la boda
La organización global recogió testimonios
como el de Aisha, que a los 19 años fue secuestrada en el casamiento de una
amiga. Los captores se la llevaron, también a la novia y a la hermana de la
novia. Las llevaron a un campo donde vivían unas 100 niñas. A las pocas semanas
la novia y su hermana fueron obligadas a casarse con combatientes, a Aisha la
entrenaron como guerrera.
“Enseñaban a las niñas a disparar armas. A mí
me enseñaron también a utilizar explosivos y atacar pueblos”, contó Aisha a
Amnistía Internacional. “Nos entrenaron durante las tres semanas siguientes a
nuestra llegada y luego comenzaron a enviar a algunas a realizar acciones de
combate. Yo fui a una contra mi propio pueblo”, relató.
La violaron reiteradamente, a veces hasta seis
personas juntas. Sus ojos vieron cómo mataban a más de 50 personas, incluida su
propia hermana. “Algunas se negaron a convertirse. Otras se negaron a aprender
a matar. Las enterraban en una fosa común entre la maleza. Sencillamente
arrojaban los cadáveres en una fosa grande, pero no muy profunda. Yo no vi la
fosa, pero hasta nosotras llegaba el olor de los cuerpos en descomposición”.
La cuchilla perdió filo
Ahmed y Alhaji, de 20 y 18 años, se salvaron
de la muerte porque el cuchillo no tenía filo. Fue el 14 de diciembre de 2014
en una de las 300 incursiones de Boko Haram contra la población civil
documentadas por Amnistía. Ahmed estaba sentado esperando la muerte, su
instinto le decía que tenía que correr pero su cuerpo no se atrevía a hacerlo.
“Mataban con cuchillos. Eran dos hombres (…). Todos estábamos sentados en el
suelo esperando nuestro turno”. Alhaji pudo escapar cuando la cuchilla del
verdugo perdió filo y no pudo seguir degollando. “Vi cómo mataban a 27 antes de
llegar a mi grupo. Yo los contaba porque quería saber cuándo me tocaría a mí”.
Según dijo, ese día en Madagali ejecutaron a al menos 100 hombres que se habían
negado a unirse a Boko Haram.
Otras veces los asesinatos eran con armas.
“Iban en moto a las zonas circundantes, a cada esquina, y disparaban. Sólo
disparaban contra los hombres”, relató otro testigo.
En su informe, la organización internacional
pide que el grupo islamista deje de matar civiles y que el gobierno nigeriano
tome todas las medidas legales posibles para garantizar la protección de la
gente.
Amnistía también solicita que la comunidad
internacional continúe apoyando al gobierno de Nigeria en su abordaje al grupo
y exige que los secuestrados sean rescatados y que los crímenes de guerra y
lesa humanidad sean investigados. Recomienda, asimismo, que la Corte Penal
Internacional use sus estudios como parte de su examen preliminar en curso
sobre la situación en el noreste de Nigeria.
Conquista y transmisión de las nuevas reglas
Una vez que toman una ciudad, los miembros de
Boko Haram reúnen a la población y les explican las nuevas normas y
restricciones de circulación, que afectan principalmente a las mujeres.
El incumplimiento de estas reglas se castiga
con severidad, recogió Amnistía: no ir a las oraciones diarias se pena con la
flagelación pública y las lapidaciones son frecuentes.
Un joven de 15 años relató sus vivencias: “Las
lapidaciones eran los viernes. Reunían a todos los niños y niñas y les pedían
que tiraran las piedras. Yo participé en las lapidaciones (…). Cavaban un
agujero, los enterraban hasta el cuello y les apedreaban la cabeza. Cuando
morían, dejaban las piedras hasta que el cuerpo se descomponía”. Una mujer que
estuvo cinco meses en una zona controlada por los islamistas relató que vio el
castigo de 30 latigazos a una mujer que vendía ropa. También presenció una
ejecución a una pareja por adulterio.
Boko Haram secuestró a 2.000 mujeres en un año en Nigeria
15/Abr/2015
El Observador