El judío compadrito
Manuel Sucher fue un bohemio amante de la noche, las ingestas abundantes y las mujeres, y hombre de fuerte carácter. Vestía a la moda, engominado, el bigotito recortado fino y llevaba zapatos y reloj de marca y anillos de oro. Violinista, pianista de calidad y compositor, esa imagen lo marcó más que sus aportes al tango en la década de 1940 —la de oro— y ahí quizás resida la razón de que se lo conociese como “el judío compadrito”.