San Francisco, California, ese bastión del pensamiento progresista, se ha convertido en un caso de estudio acerca de lo que sucede cuando una interpretación radical de los derechos humanos, combinada con el odio a la tradición, puede cegar el mejor juicio moral. En noviembre, los ciudadanos de la 13ª ciudad más poblada de los Estados Unidos irán a las urnas para votar acerca de una medida que, de aprobarse, haría de la circuncisión -brit milá, en hebreo- un delito menor. Cualquier persona condenada por circuncidar a un menor de 18 años podría recibir una multa de hasta 1.000 dólares o ser sentenciada a un año de prisión, al prohibirse efectivamente el mandamiento bíblico, al que adhieren los judíos, de circuncidar a los bebés varones a los ocho días de edad.