Tercer discurso del presidente sirio desde que las protestas empezaron a mediados de marzo. Y en él Assad se ha mostrado acorralado, pero con tan pocos escrúpulos y con la misma intención de seguir luchando que siempre. Su discurso del lunes giró en dos direcciones. Por un lado anunciar medidas de gracia y amnistía para muchos de los detenidos, reconociendo que comprende las protestas, adoptando un tono parternalista que hemos visto en otros dictadores en apuros. Y anunciando reformas futuras, siempre supeditadas al fin de las protestas. Pero por otro lado, Assad anunció firmeza del régimen contra los «vándalos», «saboteadores» e «intelectuales blasfemos» que estarían engañando a los que se lanzan a la calle contra él. En la práctica, trata de rebajar la tensión mediante el conocido «he entendido el mensaje», pero se reserva el derecho de aniquilar a los que vayan más lejos de lo que él considera oportuno. Que equivale a decir que continuará la represión.