Flotilla de la muerte

Si ahora los humanitarios europeos —españoles, por supuesto, incluidos— repiten la operación de entonces, es porque aquella fue una victoria de Hamás: había lanzado un turbia amalgama de terroristas y necios al asalto de un espacio marítimo en guerra; había conseguido que la legítima respuesta produjera muertos; los muertos fueron santificados, los israelíes satanizados. A nadie importó que los primeros fueran instrumento de una de las organizaciones más sanguinarias del terrorismo mundial, la teocracia que gobierna en Gaza. El viejo axioma de la judeofobia europea volvió a exhibirse del modo más obsceno: Israel es culpable. Por suerte, Israel sabe que en nada puede contar con una moribunda Europa, que, en el fondo, no está muy segura de no haber preferido siempre el Holocausto.

El conflicto palestino-israelí

La semana pasada participé en un evento denominado Consulta Internacional de Parlamentarios Judíos que se realizó en la ciudad de Jerusalén y cuyo tema central era el análisis del conflicto palestino-israelí. Es una región de conflictos milenarios, donde no existe el respeto y la tolerancia al otro, a otros valores, otras culturas u a otras religiones. Es un conflicto de enorme complejidad, por las diferencias entre las partes y las propias contradicciones internas de cada una de las partes, para encontrar salidas al mismo. Es también muy difícil comprenderlo desde Uruguay.

La flotilla a Gaza: sigue el conflicto

Militantes pro palestinos ocuparon ayer la embajada de España en Atenas para pedir a Grecia que levantara la prohibición a los barcos de la flotilla internacional de zarpar hacia Gaza. «Vamos a continuar nuestras acciones, el gobierno griego debe dar marcha atrás en su decisión de prohibirnos zarpar», comentó uno de los organizadores griegos de la flotilla, Dimitris Plionis.