Flotilla de la muerte
Si ahora los humanitarios europeos —españoles, por supuesto, incluidos— repiten la operación de entonces, es porque aquella fue una victoria de Hamás: había lanzado un turbia amalgama de terroristas y necios al asalto de un espacio marítimo en guerra; había conseguido que la legítima respuesta produjera muertos; los muertos fueron santificados, los israelíes satanizados. A nadie importó que los primeros fueran instrumento de una de las organizaciones más sanguinarias del terrorismo mundial, la teocracia que gobierna en Gaza. El viejo axioma de la judeofobia europea volvió a exhibirse del modo más obsceno: Israel es culpable. Por suerte, Israel sabe que en nada puede contar con una moribunda Europa, que, en el fondo, no está muy segura de no haber preferido siempre el Holocausto.