El final del delirio
Cuando el miércoles 18 de abril de 1945 a las 6 de la tarde Benito Mussolini abandonó la Villa delle Orsoline, en Gargnano, rumbo a Milán, aún era el presidente de la República Social Italiana. Conservaba algo de su imponente presencia de héroe extraído de un melodrama de Felice Romani, pero a esas alturas no había en él más realidad que la que existe en un obeso tenor. Abandonado por los suyos, custodiado mucho más que protegido por soldados alemanes, era un hombre quebrado y acosado que procuraba desesperadamente salvar el pellejo. Antes de partir había vendido el edificio y la maquinaria de su diario «Il Poppolo d´Italia» al industrial Cella en 109 millones de liras que había colocado en un banco suizo.