Ofenciva contra cristianos de Irán: pastor evangélico iraní sentenciado a muerte.

Yousef Nadarkhani, de 32 años de edad, pastor evangélico iraní ha sido condenado por el régimen iraní a renunciar a su fe cristiana o será ejecutado, tras una sentencia de primera instancia que fue confirmada por el Tribunal Supremo de Irán esta semana. A pesar de la persecución del régimen iraní de la comunidad bahá’í ha estado dominando los medios de comunicación en los últimos meses, a la pequeña población cristiana en Irán, ese tipo de persecución se ha convertido en muy común. El caso Nadarkhani es sólo la última ocurrencia de un ataque agresivo y mayor de la república islámica en la población cristiana.

Una democracia cautiva

El 30 de junio de este año, el Tribunal Especial para el Líbano, creado por las Naciones Unidas para investigar el asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri en febrero de 2005, entregó su acta de acusación al procurador general del Líbano Said Mirza, así como las órdenes de detención para cuatro altos oficiales del Hizbollah. Si bien el Tribunal no publicó los nombres de los acusados estos pronto trascendieron a la prensa y el secretario general de Hizbollah, Hassan Nasrallah, admitió en un discurso del 2 de julio que los acusados pertenecen a su organización.

Un norteamericano en la ciudad luz

Luego de mucho tiempo, Woody Allen retorna a la ciudad luz para homenajearla con todo el amor que puede ofrecer un artista fascinado por su belleza (la primera vez fue cuando debutó como guionista y actor en «Qué hay de nuevo Pussycat?» por el año 1965). Ahora, esa fascinación es la que también envuelve al protagonista (Owen Wilson) un reconocido escritor de argumentos televisivos que recala en este espacio mágico con su novia y futuros suegros. Aspirante a generar una obra más sólida -de verdadero valor literario- el personaje no presenta mayor afinidad con su pareja (y el contexto que la rodea) pero ha caído en una rutina vivencial que parece contaminar hasta su afán creativo.

Primavera revuelta

En enero explotó Túnez, en febrero Egipto y en las sucesivas semanas se movilizaron en Libia, Siria, Argelia, Jordania, Yemen, Bahréin, pero lo que parecía ser una movida que se extendería a todo el mundo árabe, las revueltas han mostrado resultados disímiles propios de realidades diferentes de cada nación islámica. Y, aunque las cosas no volverán a ser como antes en la región, se está muy lejos de un gran movimiento que englobe a los 22 Estados árabes.