Los vientos de la historia

Dónde estará, a estas alturas, el líder de la Yamahiría, el ínclito Muammar Gadafi? Es probable que cuando lea lo que aquí se está escribiendo, el lector ya lo sepa. Hoy por hoy se halla prófugo, escondido en alguna oculta catacumba, fugitivo de la ira de su pueblo. Me cuesta evocar esa sombra en confronto con el recuerdo del hombre apuesto, joven y evidentemente pagado de sí mismo que conocí una mañana de octubre de 1976, cuando recibió entre sonrisas a la delegación uruguaya que estaba jugando una olimpíada de ajedrez en Trípoli.

Beer Sheba, una ciudad asediada

Debo confesarlo. Hace mucho que no partía hacia una nota periodística con tanto miedo como esta vez, cuando salí de Jerusalén en camino a Beer Sheba, «capital» del Neguev, en el sur de Israel. Es que viajé casi con la certeza de que apenas entrara a la ciudad, comenzarían a sonar nuevamente las sirenas de alarma, como todos estos días, indicando que un misil Grad había salido desde la franja de Gaza disparado hacia Beer Sheba. Tendría un minuto para resguardarme. Todo un lujo por cierto, considerando que en Sderot y en las localidades colectivas (kibutzim) pegadas a la frontera con Gaza, tienen solo 15 segundos. Y eso lo vive la gente todos los días.

Apostillas a una rebelión

Intentemos resistir el caer en una adjetivada rapsodia a la fuerza de la libertad que, en Libia, mece el trono de una tiranía de más de 40 años: al fin y al cabo, el zorro aún se esconde en su madriguera, cuenta con apoyos en reductos como Sirte, su ciudad de origen, o la frontera sur del país, desde la que aún le llegan recursos. Para no hablar de sus enemigos, hoy nucleados en torno a lo que se llama el Consejo de Transición Nacional (CTN), un opaco paraguas bajo el cual se resguardan antiguos personeros del régimen, líderes tribales desafectos, guerrilleros montañeses y jóvenes urbanos, de los que nadie fuera de Libia sabe nada. Intentemos, por ende, resumir en algunos puntos las novedades que la rebelión libia deja a su paso, y a la espera de los desarrollos que aún encierra su futuro.

Entre los malos conocidos y los buenos por conocer

La caída del régimen del líder libio Muamar el Kaddhafi es un motivo de fiesta. En casi 42 años de gobierno , el “nuevo amanecer” que prometió al derrocar al entonces Rey Idris, estuvo lleno de sangre y opresión. La crueldad con la que intentó reprimir el levantamiento en su contra, costó la vida de entre 15.000 y 20.000 ciudadanos libios. La gran pregunta es si acaso el fin de su dictadura, significa automáticamente la llegada de la democracia.