El nazismo alemán, causante de la Segunda Guerra Mundial, tuvo una fuerte raíz económica (la firmarían Marx, Keynes y Adam Smith), ya que fue funcional a los grandes bancos y corporaciones. Hoy, por efectos de la crisis económica global, vemos que la ultraderecha se extiende por toda Europa, en una suerte de revancha histórica, o como prueba de que aquel mal absoluto no fue realmente erradicado. A 66 años de la derrota militar del Tercer Reich y su identificación mediática global con la más acabada versión del mal absoluto, los hechos muestras que lo que pensaba el oficial nazi, la noche antes de ser ejecutado, en ‘Deutsches Requiem’, el cuento que Jorge Luis Borges incluyó en El Aleph (1949): “El mundo se moría (…), nosotros le enseñamos la violencia y la fe de la espada (…) Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable. Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos su víctima. (…) Lo importante es que rija la violencia, no las serviles timideces cristianas”.