Cuando la humorada no es graciosa

La Diaria es un prestigioso órgano de prensa de nuestro país, en cuya propaganda se congratula de ser tan independiente que solo se hinca ante sus lectores. Es una excelente pieza publicitaria que revela la autonomía que toda prensa debiera tener. Y lo celebramos.Aclaramos también, que sin humor la vida carecería de sabor y qué cosa más gratificante disfrutarlo cuando es bueno y ocurrente. En este caso se opta por una humorada pesada, respecto a una controversia legítima entre dos instituciones del Estado, como UTE y URSEA acerca del precio de las tarifas públicas. Se nos ocurre remitirnos, a tres fuentes diferentes que La Diaria seguramente conocerá y banalizó cuando eligió un chiste muy malo para el tema en cuestión.

Siria: La crisis, un pulso entre dos corrientes del islam

Construida a la sombra de los muros de la gran mezquita de los Omeyas, el templo de Sayyeda Ruqayya brilla como corazón de la presencia iraní en la tierra donde se gestó la «gran tragedia» del chiismo. El símbolo de una alianza entre Teherán y Damasco que desafía a la propia historia del Islam y que se remonta a la convulsa década de los pasados 80, en la que ambos regímenes temían las ambiciones del entonces presidente iraquí Sadam Husein.

Chile combina el Plan Andinia con el caso Dreyfus

Los incendios forestales que a comienzos de 2012 afectaron a miles de hectáreas del Parque Nacional Torres del Paine, ubicado en el sur de Chile, desataron una serie de preocupantes reacciones antisemitas en parte de la sociedad trasandina y, lo que es más preocupante aún, entre algunos dirigentes con cargos legislativos que impunemente explicitaron improperios agraviantes hacia el Estado de Israel y la comunidad judía.

Una ventana al drama de la esclavitud en Brasil

Para entender por qué en Brasil los negros y mulatos han pasado a ser mayoría pero aún viven mucho peor que los blancos, tal vez habría que comenzar visitando una vieja casa de la zona portuaria de Río de Janeiro. En la vivienda ubicada en el 36 de la calle Pedro Ernesto, los propietarios hallaron por azar hace 16 años que vivían sobre un antiguo cementerio de esclavos muertos al llegar a Brasil.