Odio a la mujer
Cada día hay más mujeres en nuestro país que se pasean embutidas en negras cárceles textiles, muchas ni tan sólo con mirilla para ver el mundo. Ayer me encontré con una de ellas en el centro de Barcelona y me quedé mirándola, intentando vislumbrar la vida que latía bajo ese fanatismo feudal que la relegaba. Pero no pude ver nada, porque delante de mi sólo había un manto negro que agredía mi mirada y me recordaba que, para millones de mujeres, el siglo XXI vive en el siglo VIII. Por supuesto a su lado estaba el machito de turno, vestido con jeans, paseando su trofeo humano por las calles de Europa, muy seguro de su dominio. Nos miramos fugazmente, y los desprecios mutuos se cruzaron como si fueran un lenguaje imposible.