El hijo bastardo de Medio Oriente

Dos tipos de comentarios son usuales hoy en día cuando se habla del Estado Islámico. Los primeros se inclinan al azoro y lo describen con la estupefacción de quien detalla una experiencia onírica: avanzan y depredan sin freno, cuando no aniquilan a los pobladores los obligan a adoptar leyes y costumbres bárbaras, en cosa de días sumergirán a la región en llamas y etcéteras. La segunda clase de comentarios pretende un poco más de rigor al desplegar soluciones que van desde la comodidad de invocar a Naciones Unidas (como si no estuviera suficientemente asfixiada por el peso económico de procurar a cientos de miles de refugiados) hasta la ocurrencia magistral de formar de la noche a la mañana fuerzas militares multinacionales.

Genocidio de las minorías religiosas en Irak

Según cifras del IDCM, el Observatorio de Desplazamiento Interno (por sus siglas en inglés), una organización sin fines de lucro internacional, se estima que, como resultado del avance del Estado Islámico (EI), por lo menos más de 1.3 millones de iraquíes han sido desplazados entre el primero de diciembre de 2013 y el 18 de agosto de este año. Aunque no podemos contar aún con cifras precisas, a esta altura existe suficiente evidencia que se están llevando a cabo matanzas sistemáticas cometidas por los yihadistas contra prisioneros de guerra, opositores políticos, y minorías religiosas como cristianos y yazidíes.