En la firma del tratado nuclear P5+1, no se exigió a las autoridades iraníes avances en los derechos humanos. De ahí que, a pesar de las ansias de libertad, Irán continúa marcado por un código penal y unas leyes más propias de la Edad Media. Latigazos, lapidaciones, horca… están aún en la jerga de los jueces de la República Islámica. Muchos vieron en la llegada de un moderado a la presidencia el principio del fin de la represión. Sin embargo, desde que Rohani llegó al poder hasta marzo pasado se ha ejecutado a 2.162 personas, la mayoría en la horca y por delitos relacionados con el tráfico de drogas. En el mismo periodo de tiempo, dos años y medio, anterior a Rohani, fueron ejecutadas 1.503 personas, es decir, la pena capital ha aumentado un 43%. Hay unas 2.000 personas esperando en el corredor de la muerte, de acuerdo a datos recopilados por la Universidad de Cornwell.