Abba Eban, canciller de los primeros
tiempos del Estado de Israel decía:
«El principio del asentamiento judío
fue siempre pragmático y contemporáneo… nos apoyamos en la base de una
relación histórica pero no presentamos ninguna reclamación relativa a la
inclusión de determinadas áreas en nuestro lado de la partición con el
argumento de los distintos vínculos. Como Hebrón estaba completamente poblada
por árabes no la reclamamos. Como Beer Sheva estaba prácticamente vacía, la
reclamamos…» (Citado por Paul Johnson, «Historia de los
judíos» pag.780)
No son los asentamientos de Judea y Samaria
la causa del amargo conflicto con los palestinos.
Son una de las consecuencias. Pero no su
causa.
La razón principal del conflicto ha sido y
sigue siendo la negativa de los palestinos-y de buena parte del mundo árabe- de
reconocer abiertamente el derecho de Israel a existir como estado libre y
soberano en la región, con fronteras seguras y reconocidas. (La exigencia del
actual gobierno de que se reconozca a Israel como lo que todo el mundo ya sabe
que es, un Estado judío- exigencia que en su momento no se le pidió ni a Sadat
ni a Arafat- no facilita la solución del problema)
La solución de dos estados ya fue propuesta
por la resolución 181 de la ONU el 29 de noviembre de 1947.
El movimiento sionista, realista y
pragmático, la aceptó. El liderazgo árabe-palestino radicalizado, carente de
realismo y pragmatismo salvo excepciones, no la aceptó. Desde ese momento
y hasta hoy los palestinos han desperdiciado varias
oportunidades de tener su estado.
Y a partir de 1947-48 comenzaron las
guerras en la región, primero con el intento de destruír a Israel al nacer y
posteriormente de destruír su consolidada existencia. La Guerra de
Independencia, no querida por Israel modificó, es cierto, el mapa de la
Partición original. Quedó un territorio de no más de 21.000 km2, como
tradicionalmente se decía «casi tan pequeño como el Departamento de
Tacuarembó».
Llegamos al año 1967. Nasser, carismático
lider y presidente egipcio proclama abiertamente su deseo de echar a los judios
al mar y da pasos en esa dirección. Se preveía lo peor.
Cuando los intentos diplomáticos para
evitar la guerra fracasan, Israel toma la iniciativa y comienza la Guerra de
los 6 Días. Logra una victoria decisiva pero tanto o más importantes son las
consecuencias una de las cuales: los actuales asentamientos.
Al poco tiempo de la finalización de la
Guerra de los Seis Días tiene lugar una Conferencia Cumbre Árabe en Khartoum,
Sudan (nov. de 1967). Una de las resoluciones de la misma fue: no
negociaciones, no reconocimiento y no paz con Israel. Nuevamente falta de
pragmatismo y realismo.
¿Qué habría ocurrido si los países árabes,
palestinos incluidos, hubiesen intentado algún tipo de negociación en lugar de
una negativa tan rotunda?
Nacen los asentamientos post 67. Siendo que
Avoda, la centroizquierda o social democracia israelí estuvo en el poder hasta
1977 huelga decir que en esos años los mismos fueron construidos por Avoda.
A partir de 1977 el Likud con el apoyo,
fervor místico y más de sus aliados nacionalistas-religiosos es quien los lleva
adelante -con intermitencias de Avoda en algunos gobiernos- construyendo más y
ampliando más.
En el caso de Avoda la razón de los
asentamientos era más bien pragmática, en el caso de Likud y religiosos
nacionalistas es por sobre todo ideológica-religiosa.
Hasta llegar a lo que llegamos hoy. ¿Y qué
pasa hoy?
«Islas» importantes y crecientes
de asentamientos en territorios habitados por una mayoría de árabes palestinos.
Más allá de que hay asentamientos en distintas zonas y no todas igualmente
pobladas.
Si bien es cierto el meollo del conflicto
sigue siendo a mi juicio la negativa de reconocer o aceptar a Israel en la región,
los asentamientos -tema en el cual la sociedad israelí está dividida desde
siempre y que junto con TODOS los otros temas hay que consensuar y tratar de
llegar a un acuerdo con los palestinos- constituyen hoy día un obstáculo que no
contribuye a allanar el camino hacia la paz.
El gobierno actual habla hace tiempo de la
solución de dos estados. Bien.
Pero en la práctica: ¿actúa el gobierno de
Israel en consonancia con lo que proclama en la teoría?
Cierto que no es fácil encontrar un
interlocutor firme en la otra parte, cierto que es muy difícil negociar
directamente con los palestinos, hoy y siempre, aunque Israel insiste, también
desde siempre y con plena razón en las negociaciones directas. De todos modos
«no hay peor gestión que la que no se hace».
Esto es válido para ambas partes.
Respetando a la tradición del pueblo de
Israel: no son los argumentos de tipo ideológico- religioso los que tienen que
predominar aquí -incluyendo a mi juicio el tema más sensible: Jerusalem
oriental- sino, reitero, el pragmatismo que va de la mano con la realidad que
se observa en el terreno. El que en su momento demostraron tener por ejemplo
Begin, Moshe Arens, Rabin, Shimon Peres y Sharon. (Cierto es que en varias
ocasiones el pragmatismo de estos líderes no ha sido correspondido de la misma
forma. De todas formas eso no me hace cambiar de opinión)
La obsesión por los asentamientos puede
llevar al aislamiento y aún peor: no a dos estados sino a uno binacional, a
perder quizás el carácter judío y democrático del Estado.
Las polémicas Naciones Unidas ya desde 1967
y hasta el día de hoy han cuestionado con mayor o menor dureza los
asentamientos a traves de distintas resoluciones. Es cierto que muchas veces la
ONU ha demostrado incoherencia e inconsistencia. También es cierto que a Israel
le han dedicado siempre una desproporción de resoluciones, en comparación con
otros graves conflictos y países del mundo. Específicamente daría la impresión
que el tema de los asentamientos, aunque no es menor, le ha preocupado más a la
ONU que el conflicto en Siria el cual lleva cinco años y ha dejado cientos de
miles de muertos. De las masacres perpetradas por Isis contra los cristianos en
los últimos años, la ONU ¿se ocupó?
Pero todo esto no exime a Israel de
intentar hacer las cosas de la forma más constructiva y realista posible en el
tema que nos ocupa. Sin dejar de lado ni principios ni valores.
La última resolución del Consejo de
Seguridad, la 2334, contiene claro-oscuros. Todo el mundo ya sabe lo que dice
la resolución en cuanto a los asentamientos. Pero hay aspectos de la resolución
menos conocidos que sería interesante mencionar. Estos serían para mí los
«claros».
En el preámbulo hay párrafos que dicen entre otros conceptos: «Recordando…la
obligación…de que las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina
mantuvieran un funcionamiento eficaz para hacer frente a todos los que
participan en actividades terroristas y desmantelar la capacidad de los
terroristas…
Condenando todos los actos de violencia
contra civiles, incluidos los actos de terror así como todos los actos de
provocación, incitación y destrucción…Reiterando su visión de una región en
que dos estados democráticos, Israel y Palestina vivan uno al lado del otro en
paz y dentro de fronteras seguras y reconocidas». Considero a esto último
particularmente importante y me consta que muy pocos hicieron hincapié en este
aspecto del preámbulo.
Incluso el parágrafo 7 de la
resolución » Exhorta a ambas partes
a que actúen de conformidad con el Derecho Internacional, incluido el Derecho
Internacional Humanitario y sus acuerdos y obligaciones anteriores, a que
demuestren serenidad y contención y a que se abstengan de hacer actos de
provocación e incitación y de hacer declaraciones que enardezcan los ánimos con
el fin de, entre otras cosas, distender la situación sobre el terreno,
restablecer la confianza, demostrando mediante políticas y medidas un
compromiso genuino con la solución biestatal y crear las condiciones necesarias
para promover la paz».
El tema de los asentamientos, complejo como
todos, no es EL problema pero es parte importante de la solución del mismo y
eso no se puede soslayar. La solución de dos estados pasa, entre otros, por
resolverlo.
Es en relación a esta Resolución que el
Secretario de Estado norteamericano John Kerry se explayó durante más de una
hora hace algunos días. Es importante haber puesto atención a todo su discurso.
Un discurso sin duda fundamentadamente opuesto a los asentamientos pero, aunque
le suene contradictorio a muchos, amistoso y comprensivo para con Israel.
Finalmente una apreciación más. Personal.
De una vez por todas, cuando las circunstancias lo ameritan, debemos separar
entre el apoyo al Estado de Israel y el apoyo a las decisiones de su gobierno,
sea cual sea el mismo.
Muchos lo hacen. Criticar constructivamente
decisiones del gobierno de Israel no convierte necesariamente a la persona en
antiisraeli, antisionista o antisemita.
Considero que el apoyo al Estado debe
estar, en cuanto a nosotros como judíos, fuera de toda discusión.
En cambio el apoyo a todas y cada una de
las decisiones del gobierno SÍ puede estar en discusión.
No le hacemos bien ni a Israel ni a su
gobierno-al que sea- si apoyamos cada decisión y/o reacción del mismo. Reacción
que a veces puede llegar a ser inapropiada.
Más allá de comprensibles razones, ciertas
decisiones-reacciones pueden poner en serio aprieto al liderazgo de las
comunidades. Y también al relacionamiento con los gobiernos, incluyendo a
gobiernos amistosos.
Ya sabemos que son los israelíes los que
van a decidir. Es comprensible que así sea.
Pero cuidando las formas -lo que hay que
hacer en cualquier circunstancia más allá de este tema- tenemos el derecho y el
deber de manifestar nuestra opinión.
En la coincidencia o en la discrepancia.
En beneficio de Israel. En beneficio de la
paz. Que todavía es posible.
Que el año 2017 sea un año de avance hacia la paz!!
Asentamientos, resoluciones y el derecho a discrepar
02/Ene/2017
Por. Lic. Rafael Winter (Rufo)