Asentados y asentamientos

21/Sep/2010

Asentados y asentamientos

Asentados y asentamientos
Por Jorge Marirrodriga para Guysen International News
Lunes 20 septiembre 2010
La negativa de Benjamin Netanyahu a prorrogar la paralización de las construcciones en los asentamientos es la tabla de salvación a la que se va a aferrar en los próximos días el antiisraelismo solidario para mostrarnos a todos que con Israel no se puede negociar la paz. «¿Veis? Ya os lo decíamos nosotros, los judíos no quieren la paz, no son de fiar y no se puede hablar con ellos», nos asegurarán entre sorbo y sorbo de Mecca Cola (con whisky, of course).
Es esta corriente existente en Europa la que se pone de los nervios cada vez que escucha hablar de conversaciones de paz entre isralíes y palestinos. La que considera a Mahmoud Abbas un traidor a la causa palestina, un Quisling de Ramala. La que por lo bajo te dice que Sadat se mereció acabar con plomo en el cuerpo y, por supuesto, ignora que a cambio de una paz verdadera con Egipto, Israel se retiró del Sinaí y desmanteló todos sus asentamientos allí. Estos, a los que el conflicto árabe-israelí no les afecta en su vida cotidiana son los otros asentados de esta historia. Asentados en el prejuicio su mayoría, y unos cuantos espabilados, además, asentados en el negocio.
Honestamente, un servidor no tiene opinión sobre si Netanyahu debe ampliar o no esa moratoria, pero sí que sabe lo que ha sucedido desde que el israelí y el palestino se vieron en Washington y dio comienzo esta ronda de conversaciones:
-Pasa que el israelí acudió a negociar con cuatro de los suyos asesinados (una embarazada)
-Pasa que ni un sólo día han dejado de caer cohetes sobre territorio israelí
-Pasa que las facciones palestinas enemigas de la paz han sellado una alianza y que sus jefes operativos han comenzado a moverse por Cisjordania
-Y pasa que los palestinos partidarios de negociar no se han movido ni un milímetro de sus exigencias iniciales.
Desde luego pocos países democráticos aceptarían negociar en estas condiciones. (Bueno, se me ocurre uno, pero prefiero no mentarlo que me entra la depresión).
Los asentamientos pueden ser un tema complicado en las conversaciones, pero seguro que no lo es más que Jerusalén, por lo que la ciudad representa para ambas partes. Que los solidarios asentados lo conviertan ahora en la coartada de sus tesis no se sostiene. Sería mejor que salieran del armario y dijeran claramente que ellos consideran que jamás puede haber paz con Israel. Pero se van a joder, porque ellos ni negocian, ni nadie les ha dado voz en esa mesa.
Resulta que en Gaza hay fósforo blanco
Hay veces que los que más gritan tienen razón. Por ejemplo las ONG europeas que se pasaron la Operación Plomo Sólido denunciando el empleo de fósforo blanco en Gaza. Este periodista reconoce que hasta ayer no se lo creía y lo atribuía a una exageración habitual de los que tienen que justificar sus subvenciones y su modo de vida sin dar palo al agua en la tragedia palestina. Pero estaba equivocado. En lo de la exageración, claro.
Estimados lectores, efectivamente en Gaza se emplea fósforo blanco. Y ahora mismo no grito ¡Eureka! en plan Arquímedes y salgo a correr en pelotas ondeando la bandera palestina porque no estoy en la bañera. Claro que hay fósforo blanco. No hubo más que ver los cohetes que ayer cayeron sobre territorio israelí lanzados por Hamás desde Gaza. En dos de los nueve que impactaron sobre territorio israelí estaba esa sustancia.
Ahora podemos sentarnos a esperar las condenas internacionales a Hamas por emplear armas prohibidas por las convenciones internacionales y observar cómo algunas organizaciones exijen a los jueces de cualquier país (no sé, por ejemplo España) que juzguen a los líderes de Hamas por crímenes contra la humanidad. ¿No? Seguro que hay una explicación. Los de Hamas usan el fósforo blanco que previamente les dispararon los israelíes y ellos pacientemente recogieron en cucharitas mientras entonaban pacíficas canciones que hablan de mártires y huríes. No es por tanto un ataque sino una devolución. Y la culpa es de Israel. Cómo no se me había ocurrido.
Después de 500 años
La alcaldesa de Cáceres, la socialista Carmen Heras, va a protagonizar la próxima semana el hermanamiento de su localidad con la ciudad israelí de Netanya, que por esas cosas que pasan también tiene una alcaldesa: Miriam Feirberg. Heras (y su equipo) lleva así la contraria a destacados miembros de la dirección de su partido, el PSOE, como Pedro Zerolo, firmante de manifiestos en los que se acusa a Israel de genocidio o Elena Valenciano, que con un vistazo a “los ojos de los niños palestinos” ya tiene clarísimo quienes son los malos de la película. Los de siempre, claro.
En cambio, la alcaldesa Heras no sólo no demoniza lo israelí sino que además se lanza a colaborar, a su nivel, con Israel. Y lo tiene claro. Según ella, Netanya es una “ciudad con un gran potencial tecnológico y que puede darle una gran proyección a Cáceres”. Y encima la tía organiza una “Semana de Israel”. Lo nunca visto en España, oiga.
Como no podía ser de otra manera, la decisión ha causado revuelo entre políticos especialmente comprensivos con las tiranías caribeñas y medioorientales pero inflexibles con una democracia. En esta ocasión la patochada dialéctica es de traca: “Mostramos nuestro apoyo a los descendientes de los sefardíes, pero exigimos a la alcaldesa que no siga adelante con el hermanamiento con Netanya”. Cualquiera sabe lo que significa “el apoyo a los descendientes de los sefardíes”, pero probablemente a éstos se la sopla que les apoyen, o no, los concejales comunistas de Cáceres.
Para colmo la alcaldesa ha invitado al embajador de Israel en España, Rafi Shutz, a participar en los actos. Y aquí ha aparecido como un relámpago el flotillero hispano que entre bolo y bolo solidario tiene tiempo de escribir a la alcaldesa para recriminarle su decisión y exigirle que no permita a Shutz participar. Quince minutos de fama dan para mucho.
Hace unos meses, la alcaldesa, en lo que ella misma reconoció como “un exceso de celo”, se cargó un escudo de los Reyes Católicos por “franquista”. Casi nada. Un error de quinientos años. A cambio, Cáceres lleva nueve años celebrando su “Semana Judía”. Algo se repara de otro error de quinientos años.
Frente al espejo
Barack Obama -que guste o no es el principal baranda del mundo libre-, se ha despachado en el aniversario del ataque más grave de los últimos 150 años en nombre del Islam contra Occidente con una frase llena de corrección política y perfectamente prescindible. Pero que sobre todo pone sobre la mesa en qué estado están las cosas. Es decir, en qué estado estamos nosotros. «Estamos en guerra contra el terrorismo, no contra el Islam».
En pocos días un servidor vuelve a citar a Serrat, pero es que el catalán lo clava: «Del derecho y del revés uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto». Verán, a nuestros líderes, y a parte de nuestros conciudadanos, puede no gustarles lo que somos y, sobre todo, de dónde venimos. Pueden hacer de todo para evitar decirlo y hasta ejecutar trucos de escribano tramposillo y, por ejemplo, negarse a poner en la Constitución Europea que Europa viene de la tradición judeo cristiana. Al fin y al cabo, si el Universo se creó porque sí de la nada, como acaba de decir Hawking, ¿Por qué Europa no puede hacer lo mismo?
Es lógico. A un servidor cuando se mira al espejo por la mañana (y, bueno, en cualquier momento del día) le gustaría ver a un tío cachas de dos metros rodeado de modelos y con varios premios Nobel amontonados entre el cepillo de dientes y la colonia. Mejor no les digo lo que veo. Pero todos estaremos de acuerdo en que si me comportara así tendría poco que hacer en el mundo real. Bueno, pues exactamente eso es lo que están haciendo muchos de los dirigentes y creadores de opinión de nuestra sociedad.
Tiene razón Obama en decir que no estamos en guerra con el Islam. Pero se calla la segunda parte que no es menos verdad: Estamos en guerra contra una forma de entender el Islam y por muchas vueltas dialécticas que le demos, es así. Y en esa guerra no sólo nos toca definirnos a nosotros, los occidentales judeo-cristianos, sino a los mismos musulmanes que deben dejar de jugar el doble juego.
Nosotros podemos definirnos como queramos pero no estaría mal que nos miráramos en el espejo.
Durante estos días de tensión muchos dirigentes de organizaciones islamistas han dicho bien claro que ven en nuestro reflejo: «Acabaremos con los cristianos, los judíos y los cruzados». A tomar por saco, se acabaron los matices. Y, por supuesto, no podía faltar esa versión inculta de Catón el Viejo que es Ahmadinejah con su Israel delenda est.
Acojonaitos
Una cosa es la crítica en todas sus variantes (desde la indirecta a la crítica demoledora, o el ataque verbal frontal sólido y razonado) y otra tocar directamente los cataplines al otro con ánimo de ofender. A un servidor se le ocurren varias cosas contra el Islam desde el punto de vista, por ejemplo, de los derechos civiles. Pero de ahí a dedicarse a quemar un libro en el que basan su fe millones de hombres y mujeres de todo el mundo va un largo trecho. Y lo peor es que con esto de la globalización cualquier tipo del que hasta ahora no sabíamos ni que existía es capaz de “liar la parda” que dicen los castizos. Lo que quería hacer Terry Jones es una barbaridad indigna del credo que dice profesar. Y lo dice un español. Que aquí de quemar libros y personas sabemos un rato.
Pero habiendo dejado esto claro, este periodista se pregunta hasta cuándo el resto de los occidentales nos vamos a pasar la vida pidiendo perdón acojonados por cada cosa que se le ocurre hacer a uno de nuestros ciudadanos contra el Islam. O que sin ser contra el Islam a los islamistas les parezca ese día que va contra el Islam. Porque la lista empieza a ser larga:
1-) Que si Salman Rushdie se metía con Mahoma en un libro que, por cierto, era infumable.
2-) Que si Theo Van Gogh ofendía al Islam (y a este le mataron sin que ningún general americano hasta ahora haya dicho nada),
3-) Que si Ayaan Hirsi Alii, la diputada holandesa, ofende a los musulmanes con sus críticas de las barbaridades que sufrió en primera persona,
4-) Que si el Papa critica al Islam en un discurso.
5-) Que si una caricatura en Dinamarca,
6-) Que si South Park…
No es agradable vivir con la incertidumbre permanente ante unos tipos que amenazan con matarte por cualquier ofensa, real o figurada. Así es como viven precisamente las víctimas de los malos tratos que terminan perdiendo la autoestima y culpándose del mal que reciben. Y en esas estamos.
Millones de tolerantes
El 35% de los españoles tiene una mala opinión de los judíos. El porcentaje representa a 17 millones de españoles. Y el 11%, que representa a casi 5.200.000 personas, cree directamente que Israel “debe desaparecer”. Es decir que más de cinco millones de españoles quieren borrar a Israel del mapa.
A quienes han encargado la encuesta esa cifra del 35% les ha parecido “menor de lo esperado”. Bueno, a este periodista le parecen un huevo, pero es comprensible que después de datos anteriores que colocaban a España como el país más antisemita de Europa y con la lluvia antiisraelí que riega a diario a la opinión pública, los números podrían ser peores. Pero son muy malos.
Lo que un servidor no puede entender es la frase del ministro de Exteriores español durante la presentación del informe. “La opinión pública de nuestro país no es antisemita ni antiisraelí”. Y lo dice convencido el tío. Vale, no lo será por mayoría aritmética, pero, hombre, que en tu país vivan 5 millones de humanos (es un decir) que sostienen que Israel debe desaparecer y otros 17 millones que no quieren judíos tampoco es para quedarse con la sonrisa en los labios como si aquí estuviéramos celebrando Rosh Hashana por la calle. Debe ser que no lo pillo y somos el colmo de la tolerancia y el respeto.
España jo** con la pelota (palestina)
Cuando los mayores hablan de cosas serias, los pequeños o están en otro lado jugando o, si están presentes, están calladitos. Esto es algo que nos han enseñado a muchos (de diferentes países) en nuestros propios hogares y que, algunos tratamos de transmitir. Es comprensible que otros no piensen lo mismo y, por ejemplo, les parezca estupendo que sus hijas acudan a visitar al presidente de los Estados Unidos vestidas igual que a una fiesta de Halloween. Cada uno es libre. Pero claro, aplicar esta misma laxitud a las relaciones internacionales metiendo a tu país por medio cuando se trata de algo tan serio como la paz en Oriente Medio es algo más que discutible.
Resulta que al Gobierno de España no se le ha ocurrido otra cosa que otorgar a la Autoridad Palestina el tratamiento de Estado tanto en la visita de sus autoridades como en la consideración de su Oficina de Representación, que pasa a tener el estatus de “misión diplomática”, es decir, Embajada. O sea, que mientras estadounidenses, israelíes y palestinos (entre otros) se han puesto a negociar en serio, el niño español quiere protagonismo y, como diría Serrat, se ha puesto a “joder con la pelota” (palestina, claro).
¿Han proclamado los palestinos el Estado Palestino? No ¿Ha pedido alguna de las partes que, en la práctica, España reconozca a Palestina como Estado? No ¿Se sienta España a la mesa de las negociaciones de paz? No. Entonces ¿A cuento de qué viene ahora esta meada fuera del tiesto? ¿No nos podemos estar quietecitos mientras los implicados discuten sobre una cosa muy seria? Y por último ¿Vamos a seguir pagando los españoles el mantenimiento de la Oficina que ahora es Embajada?
El progreso, según Mahmoud
Un equipo de la Universidad de Tel Aviv ha encontrado lo que pueden ser los cubiertos más antiguos de la historia. Se trata de unos cuchillos de piedra de unos 200.000 años de antigüedad (año más, año menos) con los que nuestros antepasados cortaban la carne, o lo que fuera que cortaran entonces.
Si yo fuera Ran Barkai, el jefe del equipo arqueológico que ha hecho el descubrimiento, tendría a mano esos cubiertos de la Edad de Piedra, porque es allí a donde nos van a mandar a todos Mahmoud Ahmadineyah de quien ayer supimos que ya tiene, atención, 2.800 kilos de uranio. Eso sí, nos dicen que poco enriquecido. Qué alivio oiga.
Como en una novela cuyo final ya está escrito, y nosotros sólo podemos limitarnos a leer, vemos cada día cómo el iluminado de Teherán va cumpliendo sus pasos para lograr no ya tener la bomba atómica, sino borrar una ciudad (o varias) del mapa y luego un país (o varios). Y no podemos decir que el tío no lo ha avisado porque cada viernes lo dice bien claro. Por cierto, como viene siendo habitual, los organismos internacionales reconocieron ayer que la cantidad de combustible nuclear que tiene Irán es mayor de la que esperaban.
De verdad que uno no sabe qué es lo que tiene que pasar para que quien puede decida parar esta locura nuclear. Porque todos tenemos que tener una cosa clara: Ahmadineyah nos va a dar a todos nuestra ración de uranio debidamente tratado. A todos. Hasta a los oenegeros de flotilla solidaria. Yo, por si acaso, me voy a dar una vuelta por Atapuerca. A buscar mis cubiertos de piedra.
La Cofradía del Terror
La Cofradía del Terror, cuyo Hermano Mayor se encuentra en Teherán, ha hecho su aparición para declarar lo que todos sabemos. Que a ellos las conversaciones de paz entre Israel y los palestinos se la trae al fresco y que lo suyo es echar a los judíos al mar. Los machotes de Hamas, los mismos que en cuanto aparece un Merkava israelí por la frontera corren a refugiarse en las escuelas y los sótanos de los hospitales, han desplegado toda su parafernalia de armas, pasamontañas y kefías (algún diario español lo llama bufanda y lo peor es que lo hace en serio) para acojonar al personal y dar imagen de lo que entienden por diálogo y democracia.
Y hete aquí que Mahmoud Abbas ha estado particular acertado al dirigir sus palabras no contra los empleados sino contra el jefe de la banda y cantarle las cuarenta a Mahmoud Ahmadineyah. Abbas no ha hecho otra cosa que asumir en público la tesis que viene defendiendo en solitario Israel desde que la hormiga atómica llegara al poder. Abbas le ha dicho al iraní que él no sólo no representa a ningún palestino, sino que además ya bastante tiene sojuzgando a su propio pueblo. Es algo de sentido común, sí, pero intenten que un ministro de algunos gobiernos occidentales (no sé, por ejemplo España) diga lo mismo. Verán lo que es hacer acrobacias dialécticas.
El problema es que la Cofradía del Terror tiene muchos simpatizantes entre nosotros. Gente a la que un acuerdo de paz, del tipo que fuera, le sentaría fatal porque consideran que con Israel no se debe llegar a ningún acuerdo de ningún modo. El mundo de debe ser Judenrein. Unos piensan así porque se han montado un negocio millonario en nombre de la solidaridad palestina, otros porque se creen así redimidos de su aburguesada vida de la que tanto reniegan pero tanto disfrutan y otros porque, al igual que lo sucedía en el País Vasco durante años, cuando mueren israelíes alzan los hombros y dicen «algo habrá hecho».
Negociando
Mahmoud Abbas ha acudido a Washington con todas sus exigencias intactas. Como debe ser en una negociación. Israel tiene que volver a las fronteras de 1967, fin de los asentamientos, retorno de los refugiados y capital en Jerusalén Este. Abbas no se ha movido un milímetro. Incluso ha exigido el fin del “bloqueo” de Gaza donde campa a sus anchas una organización que, si pudiera, lo mataría.
Abbas es inflexible en la casilla de salida. Exige el máximo y a partir de ahí negocia. Pero nosotros pintamos a Abbas como un moderado, una paloma, un viejecito razonable que sólo pide unas migajas frente a la intransigencia israelí.
En cambio Benjamin Netanyahu aterrizó en Estados Unidos con los cuerpos de cuatro de sus ciudadanos todavía calientes tras ser asesinados por Hamas. El quinto asesinado estaba todavía en el vientre de su madre. Se estrenó con unas declaraciones de Barak en las que hablaba de un “estatuto especial” para Jerusalén. Y él mismo no tardó ni 24 horas en decir que estaba dispuesto a hacer “concesiones dolorosas” a los palestinos para lograr la paz. Como estrategia de negociación frente a quien considera la duda como un síntoma de debilidad es un desastre. Eso sí, nosotros pintamos a Netanyahu como un halcón buscabroncas que acude a Washington sin intención alguna de alcanzar la paz.
A los periodistas nos encantan las películas de buenos y malos y claro el malo siempre es el mismo. Pero, hombre, en este caso el bueno se está pasando de malo y el malo ha bajado algo arrugado del avión.
Putas
Verán, queridos lectores, en Israel hay una viuda a la que los tribunales religiosos (que son todos porque Israel aplica como código penal la Torá) decidieron procesar porque, viuda ya, mantuvo relaciones con un hombre. La mujer podía ser condenada a muerte, pero ante la presión internacional y la falta de pruebas, decidieron darle 50 latigazos y mandarla a casa. Pero la cúpula que manda en Israel no se dio por satisfecha y antes de que la viuda abandonara la prisión le dieron una paliza de aquí te espero y luego la obligaron a confesar que había matado a su marido. Por decisión del Gobierno, los israelíes pudieron ver la confesión por televisión. Ahora la culpabilidad está clara y la viuda será condenada por lapidación con unas piedras que no sean muy grandes, para evitar así una muerte rápida.
Como se podrán imaginar las calles del mundo occidental se han llenado de manifestantes contra Israel. Y numerosas personalidades exigen a Israel que de marcha atrás. Entre ellas, la esposa del presidente de Francia, Carla Bruni. La jerarquía israelí ha calificado a Bruni de “puta francesa” (y menos mal que no ha añadido “y valga la redundancia”) y ha señalado que “merece la muerte”.
Como ya sabrán estamos escribiendo ríos de tinta y consumiendo horas de televisión y radio condenando al país que hace esto ¿verdad? Pues no, oiga. Porque lo hace Irán y, claro como no es Israel, aquí todo el mundo oficial (menos algunas voces y la señora de Sarkozy) está calladito. Eso sí, callados como putas.