Aquellos niños judíos nacidos en la cama de Pío XII…

03/Mar/2015

Zenit, Por Federico Cenci

Aquellos niños judíos nacidos en la cama de Pío XII…

No el “Papa de Hitler”
sino el “Schindler del Vaticano”. Después de decenios de polémicas llenas de
acusaciones de silencio y tolerancia con el nacismo, la niebla del prejuicio
sobre la figura de Pío XII inicia finalmente a disolverse.
Hoy, 2 de marzo de 2015,
aniversario del nacimiento y de la elección al ministerio petrino de Eugenio
Pacelli, en el Instituto “María Bambina” se ha proyectado el preestreno de la
película-investigación Shades of Truth, escrita y dirigida por Liana Marabini,
y que en mayo será presentada en Cannes y en septiembre en Filadelfia, en el
VIII Encuentro Mundial de las Familias en la que participará el papa Francisco.
Si a esta película, como
se preanuncia, se le concede gran eco, se revelará al gran público la obra
silenciosa pero imponente del papa Pacelli a favor del pueblo judío durante la
Segunda Guerra Mundial. Basada en más de 100 mil páginas de documentos y
testimonio inéditos, la película demuestra la tesis según la cual la capacidad
diplomática de Pío XII permitió mantener a salvo a 800 mil judíos de la
persecución nazi.
Una obra, la del Papa,
que comenzó antes del 16 de octubre de 1943, día en el que patrullas de las SS
irrumpieron en el gueto de Roma y sacaron de sus casas a hombres, mujeres y
niños judíos. Ya desde que se aprobaron las leyes raciales fascistas, en
noviembre de 1938, el entonces cardenal Eugenio Pacelli comenzó a movilizarse,
en su papel como secretario de Estado del Vaticano, para garantizar protección
a los judíos afectados por la prohibición de trabajar en oficinas o entes
públicos, empresas estatales o paraestatales.
El padre Peter Gumpel,
relator de la causa de beatificación de Pío XII, representa quizá el patrimonio
histórico más rico existente hoy sobre las acciones realizadas por Pacelli
contra la persecución nazi. Los ojos de este anciano jesuita se dejan ver la
indignación cuando recuerda el día que, aún siendo él estudiante, pasó por las
calles de su Berlín la mañana después de la Noche de los Cristales Rotos.
La misma indignación
atravesó el alma del entonces secretario de Estado del Vaticano con la
institución de las leyes raciales, ante las que no quedó indiferente. Lo
testimonia la historia –contada por el padre Gumpel a ZENIT — del judío Guido
Mendes, un excompañero de escuela de Pacelli, que junto a su familia se escapó
del arresto gracias a una autorización para refugiarse en Suiza que consiguió a
través del cardenal Eugenio Tisserant, de la secretaria de Estado del Vaticano.
Pero la mano extendida
hacia la familia Mendes es solo una gota en un océano. A través de una trama de
canales no oficiales, directivas, notas cifradas y contacto con benefactores,
la Santa Sede perpetuó una obra preciosísima de asistencia a los judíos.
En primer lugar –como
recuerda el padre Gumpel– “para consentir a los judíos menos ricos ser
expatriados hacia América, se activó la Obra San Gabriel”. Solo en Brasil,
gracias a un acuerdo que Pacelli alcanzó con el entonces presidente de este
país, Getúlio Vargas, encontraron refugio 3 mil judíos huidos de Italia y
Alemania”, prosigue el padre Gumpel.
El trabajo incesante de
Eugenio Pacelli para salvar vidas humanas de la barbarie prosiguió y se amplió
después de su elección como Papa. Iglesias, parroquias y conventos abrieron sus
puertas en secreto a muchos judíos (y no) que intentaban huir de la
persecución. Como han confirmado más fuentes, a partir del padre Robert Leiber,
secretario particular de Pío XII, el Santo Padre dio personalmente la orden
para que los edificios de la Iglesia dieran refugio a los que huían. De esta
tarea se ocupó monseñor Giovanni Battista Montini, estrecho colaborador del
Papa. Se estima que gracias a la acogida ofrecida por la Iglesia católica, solo
en Roma se salvaron 4.447 judíos.
“Varios judíos estaban
escondidos en el Vaticano –explica el padre Gumpel– y Pío XII se impuso para
que se quedaran todo el tiempo necesario, también a costa de enfrentarse a
quien quería echarles”. El padre jesuita se refiere al cardenal Nicola Canali,
entonces presidente de la Comisión para la Ciudad del Vaticano, el cual ante
salvar vidas prefería una coherencia más pragmática con la línea oficial de
neutralidad de la Santa Sede.
Vidas humanas que no solo
fueron salvadas, sino también nacieron gracias a la ayuda ofrecida por la
Iglesia en ese funesto periodo. El número de judíos que encontraron refugio en
Castel Gandolfo, dentro de los muros del Palacio Pontificio, es impreciso. Más
definido es el número de mujeres judías embarazadas que allí dieron a luz.
“Cuarenta niños judíos nacieron en la residencia de Castel Gandolfo, algunos
incluso en la cama personal de Pío XII –explica el padre Gumpel–. Él sabía
todo esto y envió víveres”.
La imagen de una vida que
nace en la cama personal del Papa representa de la forma más elocuente posible
el compromiso de la Iglesia a favor de los judíos durante la Segunda Guerra
Mundial. Compromiso por el que muchos judíos, en primer lugar, están
agradecidos.
Cuando el 8 de octubre de
1958 Pío XII murió, varias asociaciones y periódicos judíos y sionistas de
todos el mundo, junto a los rabinos de Londres, Roma, Jerusalén y otros en
Francia, Egipto, Argentina, lloraron la pérdida de ese Papa que Golda Meir (ex
primera ministra israelí) definió como “un gran servidor de la paz”. Y para
comprender la importancia de la obra dirigida por Pío XII no puede no ser
citado el caso de Israel Zolli, el jefe rabino de Roma que, después de acabar
la guerra, se convirtió al catolicismo tomando como nombre de bautismo “Eugenio”
en reconocimiento a Pacelli.
Los ataques, las
calumnias y los prejuicios en lo relacionado con Pío XII habrían comenzado
muchos años después. Pero esta es otra historia.