Alemania e Israel: 50 años de lazos diplomáticos

16/Abr/2015

Comunidades, Por Julián Schvindlerman

Alemania e Israel: 50 años de lazos diplomáticos

Es, inevitablemente, una relación cargada de
simbolismo. El Holocausto siempre sopló como una brisa negra sobre ambas naciones.
Pero el hito político -cuyo 50 aniversario se conmemora este año- del
establecimiento de relaciones diplomáticas entre Bonn y Jerusalem marcó un
punto de inflexión profundo entre alemanes e israelíes, cristalizado en una
alianza moderna sólida y fructífera.
En 1951, el Canciller alemán Konrad Adenauer
afirmó públicamente que “actos criminales indescriptibles” habían sido
perpetrados por la Alemania nazi contra el pueblo judío y anunció la voluntad
de su nación de pagar reparaciones al recientemente establecido estado judío.
Bonn buscaba su reingreso a la Alianza Occidental y hacerse cargo de una deuda
moral enorme con los judíos. Para Israel, agobiado por las exigencias del
emprendimiento nacional, pujando por hacerse un lugar en un Medio Oriente hostil
y anhelando integrarse a la familia de las naciones, el apoyo material de
Alemania era necesario. Pero las heridas de la Segunda Guerra Mundial eran
frescas: el país tenía entre los suyos a una gran cantidad de sobrevivientes,
regía un boicot al idioma alemán y a la cultura alemana, y había muchos
opositores a que algo se hiciera que rehabilitase moral y políticamente a
Alemania en la posguerra. Tras un acalorado debate en la Kensset, el Acuerdo de
Reparaciones fue aprobado por 60 contra 51 votos al año siguiente. Poco más de
una década después, Bonn y Jerusalem sellaron lazos diplomáticos,
intercambiaron embajadores y abrieron sus naciones al fortalecimiento de un
vínculo perdurable.
Hoy Alemania es el mayor socio comercial de
Israel en Europa y el tercero a nivel mundial, luego de Estados Unidos y China.
Es un proveedor crítico de armamento, en el que destacan cinco submarinos
nucleares Dolphin, cuyo costo multimillonario ha sido subsidiado
apreciablemente por Berlín. La suma de reparaciones abonadas por Alemania a
Israel ronda los 30 mil millones de dólares; cifra que se triplica al tener en
consideración el monto dado a sobrevivientes individuales en todo el mundo. A
diferencia de la República Democrática de Alemania -que no se vio a sí misma
como sucesora del Tercer Reich ni responsable de sus acciones y cuya
orientación comunista la llevó por el camino del antisionismo- la República
Federal de Alemania hizo un esfuerzo notable en transformarse en una nación
diferente. Tras la guerra, los ocupantes norteamericanos iniciaron un proceso
de desnazificación de la sociedad alemana y en Núremberg criminales de guerra
fueron juzgados. La nueva Alemania hizo una transición del totalitarismo hacia
la democracia, de la ruina a la pujanza económica, adoptó programas educativos
sobre los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial y estimuló la
construcción de sitios y memoriales para la recordación del Holocausto.
YadVashem tiene acuerdos de educación firmados con los dieciséis estados
alemanes.
En la década de 1930 vivía medio millón de
judíos en Alemania, apenas quince mil sobrevivieron a la guerra. Actualmente la
comunidad judía alemana cuenta con más de cien mil miembros afiliados e igual
cantidad estimada de no-afiliados (mayormente emigrantes de la ex URSS).
Solamente en Berlín se cree que hay cerca de veinte mil israelíes. La vida
judía en Alemania es vibrante, con festivales de cine, sinagogas, museos y
lazos estrechos con el gobierno. El intercambio económico, cultural y
científico entre Berlín y Jerusalem es floreciente.
Diversos hechos dejaron su marca en la
relación. En 1960, el Mossad secuestró a Adolf Eichmann y lo llevó a juicio en
Jerusalem; episodio que recordó dolorosamente la Shoá en el país. Ese mismo
año, Volkswagen nombró a MottiAuerbach, hijo del último rabino en Frankfurt,
como su representante en Israel. Esa misma década trascendió que científicos
alemanes estaban trabajando en el desarrollo del programa misilístico egipcio,
lo que enardeció a los israelíes; el hecho se replicó en los años noventa
cuando se supo que el gas con el que Saddam Hussein había amenazado cargar a
los misiles Scud para atacar a Israel había sido provisto a Irak por Alemania.
En los años setenta, las Olimpíadas de Múnich, que pudieron haber reforzado el
vínculo, fueron escenario de una toma y asesinato de rehenes israelíes por
terroristas palestinos. La interpretación pública de las obras del compositor
nacionalista alemán del siglo XIX Richard Wagner aún es asunto de ríspido
debate en Israel.
Si algo, estas tensiones prueban la
resiliencia del vínculo que une a ambas naciones. No obstante, el futuro de la
relación no está exento de desafíos. A medida que el tiempo transcurra y el
Holocausto sea un recuerdo distante para las nuevas generaciones, las que
podrían verse menos comprometidas moralmente con Israel y los judíos que sus
antepasados, ¿se mantendrá el vínculo tal como lo conocemos? A medida que el
sentimiento popular antiisraelí crezca en Alemania, así como el tamaño de su
comunidad islámica, y los movimientos políticos de la extrema derecha se
afiancen, ¿sobrevivirá el ánimo oficial pro-israelí contemporáneo? Encuestas de
los últimos años ya revelan un 20% de antisemitismo en Alemania y un 60% de
opiniones negativas sobre Israel.
Eso concierne al futuro. En lo que respecta al
pasado reciente y al presente, hay razones suficientes para conmemorar este
medio siglo de relaciones diplomáticas entre Alemania e Israel con el mejor
ánimo celebratorio. Chin-chin por una relación sumamente especial.