Acuerdo y sospecha

14/Feb/2013

El País, Uruguay, Claudio Fantini

Acuerdo y sospecha

El anuncio iraní de que Argentina no podrá interrogar al ministro de Defensa Ahmed Vahidi, acrecentó la desconfianza hacia el acuerdo entre Irán y el gobierno kirchnerista. La presunta desmentida posterior del canciller persa no tiene la claridad con que había rechazado tal interrogatorio el vocero del régimen.El tema es clave. Cuando atentaron contra la AMIA, Vahidi dirigía Al Quds, la brigada de la Guardia Revolucionaria encargada de operaciones en el exterior y de contactos con organizaciones como Hizbolá, presunto autor directo de la masacre.Desde que se anunció el entendimiento con Irán, la realidad parece desmentir aspectos sustanciales de lo que se presentó a los argentinos como un «acuerdo histórico». El año pasado, en la ONU, Cristina Fernández habló de una fórmula similar a la aplicada en el caso Lockerbie. El autor del atentado que derribó un avión de Pan Am sobre un pueblo escocés, fue juzgado y condenado por jueces escoceses, en el proceso realizado en un tercer país: Holanda.Esa fórmula resultaba por demás aceptable, pero luego vino la realidad y mostró que no habrá juicio, ni siquiera indagatorias y tampoco tercer país. Habrá sólo diálogos con los presuntos responsables, y serán en el país al que la Justicia argentina acusa por el ataque.También acrecienta las dudas que la presidenta haya usado el ejemplo norteamericano para justificar una negociación con Irán. Citó al vicepresidente Biden proponiendo a Teherán negociar. El problema es que lo que Obama quiere negociar es el desmantelamiento del plan nuclear iraní, por lo tanto el ejemplo usado nada tiene que ver con el caso AMIA, en el que lo que se negocia es la forma de esclarecer una masacre.Al contrario, lo que hace EE.UU. al ser blanco de un atentado es responder con belicismo brutal, no con negociación. A las bombas en sus embajadas de Nairobi y Dar el Salam las respondió atacando bases de Al Qaeda en Sudán y Afganistán; al derribo del vuelo de Pan Am bombardeando Libia, y al 11-S invadiendo a los afganos y matando a Bin Laden en Pakistán.Lo que ahora quiere negociar es el plan nuclear y la colaboración iraní a su retirada de Afganistán, bloqueando el financiamiento de los talibanes mediante el tráfico de opio por la frontera de Baluchistán.También en retrospectiva, la realidad parece desmentir el discurso «K» sobre el acuerdo con Irán.