Silvia Schnessel – “La Unesco se ha convertido en un teatro
del absurdo”. Con esta contundente declaración, el primer ministro israelí Bibi
Netanyahu ha mostrado su indignación por una de las decisiones más aberrantes
que ha tomado este organismo dependiente de la ONU, en toda su historia.
El relato de la aberración es el siguiente: el consejo
ejecutivo de la UNESCO, compuesto por 58 países, ha aprobado una resolución que
niega cualquier vínculo del judaísmo con el Monte del Templo, y lo relaciona
exclusivamente con el Islam. Solo seis países votaron en contra, 24 a favor y
26 se abstuvieron, entre ellos España, que se ha cubierto de gloria. De esta
manera, pues, tan “democrática”, el organismo que debe velar por el patrimonio
cultural de la humanidad, acaba de zamparse miles de años de historia y, por el
camino, ha despreciado el lugar más sagrado del judaísmo. Dicho nuevamente por
Netanyahu, “es como decir que China no tiene relación con la Gran Muralla o que
Egipto no la tiene con las Pirámides”, y Nir Barkat, alcalde de Jerusalén,
remata con gran enfado, “¿votaría la UNESCO rechazar la conexión cristiana con
el Vaticano?”.
A partir de aquí, el escándalo obliga a algunas conclusiones
que no son alentadoras. La primera, que la UNESCO ha sucumbido a la presión
política de manera tan burda, que ya no esconde su parcialidad. Esta resolución
es una barbaridad cultural, un atropello religioso y un acto de antisemitismo
elevado al cuadrado, especialmente abominable porque se hace con el sello de
Naciones Unidas. A pesar de que he escrito muchas veces que la ONU es un
organismo fallido, repleto de dictaduras atroces que dominan su asamblea
general, y con una cantidad tan ingente de resoluciones inaceptables, que lo
alejan definitivamente de sus ideales originarios, nunca habría imaginado que
se usara la UNESCO para consolidar el desastre. Ya no se trata solamente de
jugar reiteradamente a favor de los países árabes, en su conflicto eterno con
Israel. Ahora usan al organismo que teóricamente tiene el mandato de proteger
el patrimonio universal, para aniquilar la memoria judía. No es que los judíos
no tengan derecho a un estado propio, que los proteja jurídicamente. Es que
ahora no tienen derecho ni a su pasado. Horrible.
¿Cómo podremos creer en la UNESCO a partir de ahora? ¿Dónde
situaremos su credibilidad, si son capaces de desvincular el lugar más sagrado
del judaísmo, allí donde se sitúa la piedra del sacrificio de Isaac, y donde el
rey David construyó un santuario para albergar el Arca de la Alianza, de su
propio pueblo? Resulta realmente desalentador comprobar cómo, los organismos
que nacieron para unir al mundo, defender la libertad y proteger su patrimonio,
se han convertido en patéticos títeres que bailan al son de dictaduras tan
sobrecargadas de dinero como faltas de toda vergüenza. Y así quedan, como
deshechos de lo que un día fueron.
Fuente: La Vanguardia
Aberración
19/Oct/2016
Enlace Judío, México, Por Pilar Rahola