A tres años del atentado antisemita a David Fremd (Z’L)

07/Mar/2019

Por Ing. Roberto Cyjon para CCIU

A tres años del atentado antisemita a David Fremd (Z’L)

Ya pasaron tres años, y el asesinato de David nos genera a los judíos uruguayos una serie de emociones entrelazadas. Primero, y será la única que enumere: dolor. Su ausencia no se desvanece para sus familiares, amigos y la comunidad judía, unida en “un todo” ante el acto criminal. Y, además, infiere reflexiones múltiples que nos “obligan” a volver a explicar lo que no debiera ser necesario volver a explicar por enésima vez, a especificar de qué se trata (no solo de que se “trató”) este episodio, y mirarnos al espejo como uruguayos. Nos preguntamos: ¿qué legado nos deja el atentado terrorista acaecido en Paysandú, en el cual un asesino cooptado por el integrismo islámico, al grito de Ala huakbar decidió salir a matar un judío? Al primero “que encuentre”, o quizás, a todos los que encuentre. No hay otra alternativa que deshilvanar el hecho para interpretarlo.
Antisemitismo. Es un término acuñado desde los siglos XVIII y XIX con la emancipación de los judíos europeos, a partir del Iluminismo alemán. Puede parecer complejo, pero analicémoslo. El odio a los judíos es milenario. La más antigua de las discriminaciones, la primaria: se nos acusaba de haber matado a Cristo, a Dios. Por lo tanto, ello configuraría un delito de lesa divinidad. Si un concepto más moderno como el delito de lesa humanidad, es -correctamente- transnacional y condenable, imaginemos por un instante la dimensión de un mito – absurdo- como el de “matar a Dios”. Sería imprescriptible por los siglos de los siglos. Tal calaña de “criminalidad”, condenó al pueblo judío a un sinfín de tormentos, mitologías maléficas -crímenes rituales, asesinato de niños antes de las pascuas, violaciones, lujuria, usura, portadores de pestes y otras tantas-, las cuales nos “diabolizaron” en interminables sermones y discursos que potenciaron esas falsedades hasta alcanzar ribetes increíbles.
Una vez entrados en la modernidad -más semejante a la que hoy conocemos y vivimos-, los judíos se emanciparon. Se liberaron de varios de estos agravios, comenzaron a gozar de parte de los derechos humanos consagrados en la Revolución Francesa. Se integraron -con grandes aportes- a las ciencias, las artes, los conocimientos universales y el ejercicio de profesiones libres; lo cual habían tenido vedado durante milenios. Es entonces que la vieja mitología antijudía muta al antisemitismo -casi actual-. “El judío” es condenado por capitalista o por comunista y para unir la melaza completa de difamación: es culpable del “complot universal”. Un poder de tal envergadura -similar al de los “villanos” de los superhéroes-, que tendría la capacidad de dominar al mundo y manipularlo de acuerdo a su voluntad e intereses. Así termina el siglo XIX, con la edición de un pasquín denominado: “Los protocolos de los sabios de Sion”, generado en la Rusia Zarista y publicado en Paris en los años de 1890. Esa nueva fase incrementó matanzas -pogromos- nuevas expulsiones, atropellos inenarrables y provocó el mayor movimiento de masas del siglo XIX: la emigración de un millón y medio de judíos de Rusia  -y otros países de Europa oriental- a E.E.U.U. También gestó el surgimiento del Sionismo Político, que aspira al retorno a la tierra de Israel, dado que en Europa no había más lugar donde los judíos pudieran llevar una vida libre y sin rechazos.
¿Por qué denominábamos previamente al antisemitismo como “casi actual”? ¿En qué fase estaríamos hoy? Varias de las acusaciones de tinte religioso caducaron. La Iglesia y el cristianismo respetan al judaísmo de forma plena. Podríamos aseverar: como nunca antes. Hoy día, mientras persisten los sedimentos infectados de antisemitismo, y racismo en general de la ultraderecha y supremacía blanca con ínfulas de “raza superior”, surge una nueva mutación: el antisemitismo islámico. Religioso, político, terrorista, patrocinado en la abrumadora mayoría de los estados musulmanes. Este nuevo antisemitismo suele escudarse en un postulado con apariencia ingenua, moderada o -en ocasiones justificadas- “políticamente correcto”: el antisionismo. Postura que lamentablemente se incrustó -irracionalmente-, en vastos sectores -no en todos- de las ideologías de izquierdas, en Occidente y también en Uruguay. Aun concediendo valores “globales” -no exclusivos y tampoco exentos de contradicciones-, al universalismo laico y humanista de las izquierdas tradicionales, su sintonía con el integrismo teocrático del Islam es confusa y engorrosa de comprender. Se la podría reprobar con un pequeño número de interrogantes, probablemente, difíciles de responder.
¿Cuánto saben los antisionistas de “respuesta rápida”, acerca de qué es el sionismo? ¿Quiénes de ellos, los de “gatillo antisraelí fácil”, tienen un conocimiento profundo del problema árabe-palestino- judío-israelí? ¿cuántos de los jueces más severos acerca de la creación del Estado de Israel y el devenir de sus setenta años de vida, han estudiado con dedicación y espíritu crítico su historia, virtudes, complejidades, aciertos y errores?, ¿cuántos de aquellos con sentimiento pro palestino a ultranza, podrían explicar -en la misma medida- su historia, complejidades, aciertos y errores? Con actitudes no maniqueas sino proactivas, pro paz, pro convivencia; sin concesiones gratuitas ni tampoco agravios e insultos gruesos al pueblo judío y población israelí. Esta es una de las principales exigencias y aspiraciones de deseo que pretendemos expresar a la intelectualidad y formadores de opinión de las izquierdas, como anclaje y freno de la expansión actual de un antisemitismo disfrazado, peligroso y letal.
Entendimos necesario recorrer este periplo para aproximarnos al infame asesinato de David Fremd en la pacífica Paysandú. David pagó con su vida, su inocencia, su hombría de bien y reconocimiento social, las consecuencias de este fenómeno delirante de asesinar judíos -y a quien fuese- al grito de un Dios que inspira fe y valores a centenares de millones de creyentes. Deberíamos suponer que éstos tampoco validan al terrorismo. Pero interpelamos a los que aún dudan -por ignorancia o apatía- si es necesario expresarse con vehemencia en tal condena. Uruguay no está inmunizado de este flagelo. Todos debemos denunciarlo, somos responsables en erradicarlo.1 Ver: Roudinesco, Élisabeth, 2011, “A vueltas con la cuestión judía”, Barcelona: Anagrama. Roudinesco (Paris 1944-), es psicoanalista, historiadora y directora de investigaciones en la Universidad de Paris-VII. Toma como punto de partida la tesis de Hannah Arendt que afirma que todo racismo tiene su base en el antisemitismo.
2 Recuperado de: The Jewish Migration from the Russian Empire to the … – EH.net http://eh.net/eha/wp-content/uploads/2013/11/Spitzer.pdf ‘[acceso: 12.03.2018]
3 En este artículo eludimos profundizar cómo los aspectos anteriormente resumidos en forma muy breve condujeron al Holocausto. Ver: https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/10/nazis-uruguayos/