Discriminados en UruguayLa discriminación en Uruguay existe. Los avances legislativos en materia de derechos son notorios, pero el germen de la discriminación todavía permea en la sociedad. Los datos difundidos por dos organismos estatales avalan la preocupación de quienes luchan por los derechos de colectivos históricamente discriminados.La discriminación es un problema latente en Uruguay. Ser afrodescendiente, homosexual, profesar la religión judía o tener algún tipo de discapacidad son motivo suficiente para que muchas personas sufran situaciones de violencia material o simbólica, y diversas formas de acoso u hostigamiento. En algunos casos, la discriminación se encuentra tan arraigada en la sociedad que se naturaliza y es culturalmente aceptada.Representantes de tres colectivos con una historia de lucha por la igualdad y la no discriminación (Mundo Afro, el Comité Central Israelita del Uruguay y el Colectivo Ovejas Negras) coincidieron en que los avances legislativos en materia de derechos, son importantes, pero no suficientes para terminar con el problema de la discriminación.Los últimos datos de la Comisión Honoraria de Lucha Contra el Racismo, la Xenofobia y Toda Forma de Discriminación, dependiente del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), muestran parte de esa realidad. Desde su creación, el organismo recibió 171 denuncias sobre diferentes formas de discriminación.La Institución Nacional de Derechos Humanos (Inddhh), por su parte, recibió quince denuncias por hechos de discriminación racial, religiosa o por orientación sexual, entre junio y diciembre del año 2012. En lo que va de 2013 se recibieron 26 denuncias por estos temas, informaron fuentes del organismo a Caras y Caretas.Denuncias variasDe las 171 denuncias recibidas por la comisión de lucha contra el racismo desde mediados de 2008, el 48% (cuarenta y ocho) están referidas a situaciones de discriminación racial y fueron presentadas por personas afrodescendientes, judías o de origen indígena.Al efectuar una separación por etnias se revela que la mayoría (92,7%) de las denuncias fue presentada por afrodescendientes. Le siguen las presentadas por personas de origen judío (4,8%) e indígena (2,4%). Asimismo, la comisión recibió denuncia por casos de discriminación por orientación sexual (22,3%), por discapacidad (13,5%), por motivos religiosos (5,3%) y por género (3,5%), entre otros.La comisión recibió además seis peticiones que daban cuenta de casos de discriminación al momento de ingresar a algún local bailable abierto al público. De estos casos, la mitad tuvo un trasfondo de discriminación por orientación sexual, mientras que el resto tuvo más que ver con formas de discriminación por discapacidad, por ser afrodescendiente o por el aspecto físico.El informe 2012 de la Inddhh, en tanto, reveló que la mayor cantidad de denuncias admitidas por el organismo ese año “se concentra en materia de igualdad y no discriminación por origen racial, orientación sexual, discapacidad, entre otras”. El 17,2% (15 de 87) de las denuncias admitidas por el organismo correspondieron a estos casos.En lo que va de 2013, la Inddhh recibió 215 denuncias (algunas todavía están a estudio para su admisión), de las cuales veintiséis corresponden a casos de discriminación. La mitad (trece) refiere a casos de discriminación por discapacidad, pero también hay denuncias de discriminación por edad (cuatro), por identidad sexual (tres), por racismo (dos) y por ser portador de VIH, entre otras, indicaron fuentes del organismo.Temas pendientesLa discriminación en Uruguay existe y en forma relativamente seria en el entramado social, más allá de que han existido grandes avances en materia de la legislación de derechos y de políticas públicas, afirmó el director de Comunicación de Mundo Afro, Nëstor Silva, en diálogo con Caras y Caretas.Silva consideró que la agenda de derechos se potenció muchísimo durante los últimos dos gobiernos, lo que derivó en la aprobación de normas muy importantes para la población afrodescendiente, como la ley de discriminación positiva (que garantiza un cupo específico para este colectivo en los concursos para empleos públicos), que permitirá superar los problemas sociales y laborales que sufre esta población.Silva explicó que el crecimiento económico experimentado en Uruguay permitió reducir los niveles de pobreza entre la población afrodescendiente, pero la brecha social con otros colectivos se mantiene e, incluso, se ha profundizado. “Hay menos pobres porque hay menos pobres en el país, pero la brecha se mantiene”, destacó. La norma permitirá enfrentar “el atraso histórico para el acceso a las posibilidades” del colectivo afrodescendiente, con base en una atención urgente del problema, al tiempo que se generan “políticas de mediano y largo plazo para buscar soluciones de fondo”, agregó.Silva señaló también la necesidad de profundizar el abordaje de la discriminación racial en el ámbito educativo, pero particularmente en el Poder Judicial, ya que en algunos casos constatados en los últimos tiempos no se aplicó la legislación vigente, más allá de la existencia de indicios claros de racismo. Un caso emblemático fue el de las agresiones sufridas por una ciudadana afrobrasileña. “La señora que la agredió reconoció abiertamente su actitud racista, pero el caso fue archivado”, narró Silva.Transición culturalEn la misma línea que Silva, Diego Sempol, dirigente de Ovejas Negras, destacó los avances en materia de legislación, pero señaló que aún falta que se consolide una transición cultural más profunda que permita terminar con las situaciones de discriminación sufridas por la colectividad LGBT (lesbianas, gay, bisexual y trans).La aprobación de algunas normas, entre ellas, la ley de matrimonio igualitario, implicó ampliar los derechos del colectivo LGBT, pero cotidianamente pasan situaciones de discriminación y acoso en el ámbito educativo, laboral y en lugares públicos. “Una ley no democratiza la realidad por sí sola, todavía hay una brecha”, agregó Sempol.Explicó que la discriminación “varía según las regiones del país” e incluso entre los distintos barrios de la capital. “En algunas zonas de Montevideo hay un clima más abierto, pero en otras, y en el interior del país, no es así”, porque la cultura de la discriminación está arraigada, afirmóSegún el representante de Ovejas Negras, existe preocupación por casos de discriminación que se procesan en el ámbito educativo, en particular por situaciones de acoso y violencia de pares a causa de la orientación sexual de los jóvenes –o su mera sospecha-, así como por los “silencios institucionales que legitiman o dejan pasar estos episodios”.Sempol consideró que el aumento de las denuncias de discriminación por orientación sexual no está vinculado con un incremento del fenómeno, sino con un mayor empoderamiento de las personas. “Hay más denuncias, en buena medida porque la gente se está empoderando, no es que haya un aumento de la discriminación; lo que cambia es la forma en que la gente se enfrenta con el problema. Hay más conciencia de los derechos y hay situaciones que hoy resultan inadmisibles, cuando antes eran aceptadas. La persona antes se callaba y ahora no se calla, avanza y confronta en defensa de sus derechos”, dijo.SubliminalEl licenciado Rafael Winter, integrante del Comité Central Israelita del Uruguay y miembro de la Comisión Honoraria de Lucha Contra el Racismo, afirmó que el tema de la discriminación en Uruguay existe, por más que a veces se manifiesta en forma subliminal. “A veces está oculta y no se nota o no sale a la luz, pero existe”, dijo.Según él, en comparación con otras sociedades, en Uruguay existe un menor nivel de discriminación, “lo que no es un consuelo, porque lo ideal sería que no existiera y todavía hay que trabajar mucho en este terreno”. Empero, con base en su experiencia en la comisión, Winter percibe que el colectivo que sufre mayores niveles de discriminación es la población afrodescendiente, seguida por la comunidad LGBT, la población indígena y, por supuesto, también al colectividad judía.Winter destacó que en los últimos tiempos no se constataron hechos de violencia física contra personas por su condición de judíos, pero de tanto en tanto se producen agresiones verbales o insultos de corte antisemita que tienen como víctimas a estudiantes de liceos judíos. “Decir que no existe es un error y magnificarlo también, hay que ponerlo en su justo término y estar atentos”, dijoExplicó Winter que en algunas coyunturas suelen recrudecer las agresiones injustificadas de corte antisemita o antijudío, como cuando se potencia el conflicto en Medio Oriente. Sin embargo, “por experiencias históricas que hemos tenido, no tanto en Uruguay, pero sí en otros países, quizás nos hemos aprendido a organiza y abrir el paraguas antes de que llueva, y estar atentos a cualquier tipo de manifestación antisemita que se produzca”, afirmó.Winter también manifestó la necesidad de profundizar la no discriminación en el ámbito de la educación, tanto a nivel del hogar como de los institutos de enseñanza y los programas de estudio. “Es necesario e importante que en los programas de estudio se incluyan más capítulos del holocausto judío, pero también que haya más páginas del genocidio del pueblo armenio”, señaló.“La discriminación existe contra distintos grupos minoritarios y no suele ser legal sino que es social, y en ciertas situaciones límites o especiales a algunas personas les sale el racista que llevan dentro”. Por este motivo, se debe abordar como un problema colectivo, y “trabajar duro y parejo para combatir este flagelo, pero no sólo por parte de las minorías sino de toda la sociedad”, señaló.Cuestión de términos>La sociedad uruguaya no se toma en serio la diferencia simbólica entre el concepto de “negro” y el de “afrodescendiente”, y cómo los mismos implican una forma de posicionarse en la sociedad, afirmó Néstor Silva, integrante de Mundo Afro. Silva explicó que el término “negro” remite a una definición del sistema “que me esclavizó”, mientras que “afrodescendiente” es un término político, que me posiciona hacia el futuro y cómo me planto ante la sociedad”. Silva afirmó que la caracterización como “afrodescendiente” no significa de ninguna manera una forma de renegar de su raza, como desde muchos ámbitos de la sociedad se sugiere, sino una forma de posicionarse como ciudadano.Sobre esto, el licenciado Rafael Winter consideró que el racismo o la discriminación no están en el uso de los términos, sino en las connotaciones despectivas asociadas a ellos. Esto se percibe en los comentarios de los lectores sobre noticias publicadas en sitios web, muchos de los cuales son francamente antisemitas, o en los cánticos antijudíos que profesan algunas hinchadas rivales durante los partidos de Hebraica Macabi, por la Liga Uruguaya de Básquetbol, afirmó.Otra situación en la que se percibe una discriminación arraigada en la sociedad ocurre cuando se define la zona comercial del barrio Reus o Goes con el calificativo de “Barrio de los Judíos”. “Algunos lo dicen en forma inocente, pero otros lo dicen en forma despectiva. Lo mismo cuando se utiliza el término negro: algunos lo usan con cariño y otros en forma despectiva. El mismo término se puede utilizar con formas contrapuestas”, valoró Winter.
El otro por Sí Mismo
29/Nov/2013
Caras y Caretas, por Mauricio Pérez