La alegría internacional

16/Oct/2013

La Diaria, Mauricio Bosch

La alegría internacional

Klezmer-fusiónKlezmeron Orkestra, de Klezmeron Orkestra. Edición independiente, 2013
No es fácil hablar de Klezmeron Orkestra, y el cometido de estas líneas no es criticar su trabajo ni explicar con erudición su lugar en la música klezmer –su origen- ni el espacio geográfico al que ésta refiere. La intención es oficiar de nexo entre lo que desarrolla musicalmente y el lector, brindar información sobre eventuales confluencias con este combo en su faceta itinerante por las inmediaciones del Parque Rodó, como forma de saber de dónde proviene este alegre sonido de escalas hipnóticas.
Como se desprende de su nombre, el grupo hace música klezmer, o, más precisamente, ésta es la base de su música, que fusiona con otros géneros. Se trata de la primera agrupación uruguaya en su género, o, más bien, la primera en hacer emerger esta música de sus ámbitos específicos (léase: bodas y celebraciones judías). Se la puede encontrar por la ciudad en su faceta itinerante, despojada de electricidad y amplificación, o dondequiera que sea convocada. Está integrada por Fernando Nathan (piano y acordeón), Andrés Rubinstein (clarinete, clarín, quena, saxo alto, triángulo y tambor piano), Pablo Guillama (saxo barítono y alto), Juan Olivera (trompeta y fluggelhorn) y Matías Rodríguez (batería, percusión y tambor repique). A ellos se suman –en el disco y eventualmente en vivo- Gastón Gerónimo (violín), Leo Méndez (saxo alto), Camilo Ottonello (percusión), Martín Morón (trombón) y Bettina Chávez (violín).
¿Qué es la música klezmer? Es un género étnico muy antiguo relacionado con los judíos askenazíes de Europa del Este. Ashkenaz es el nombre medieval hebreo dado a esta región europea y, por extensión, a Alemania. Askenazíes refiere, pues, a los judíos alemanes, pero en términos de religión, cultura y etnicidad la cuestión no es tan sencilla. Los askenazíes se diferencian de los sefardíes y los mizrajíes; antes del Holocausto representaban 90% de la población judía del mundo y luego tan sólo 40%, como consecuencia del exterminio. Sin duda es un dato sorprendente que, más allá de barbaridades históricas, da una idea de cómo debieron movilizarse para seguir viviendo y de cómo su música llegó a los más recónditos rincones del mundo, en los que convivió y se fusionó con ritmos locales.
Es ésta la parte que interesa a efectos de esta reseña, la de la mezcla y la influencia, la de encontrarle un sentido a que Klezmeron Orkestra fusione su música con candombe, tango o murga. La música klezmer también puede ser identificada como folclore judío y en sus comienzos se tocó en bailes, bodas y celebraciones, en ambientes populares. Es una música a la vez alegre y melancólica, de carácter circense, romántico y onírico, fundamentalmente instrumental. Sus intérpretes se conocen como klezmorim y sus descendientes de bufones y juglares.
Casi podría decirse que la música klezmer siempre existió, con mayor o menor visibilidad, marcada por la historia de un mapa devastado por las guerras y las sucesivas migraciones de sus creadores. Sin embargo, hay un factor que pone a esta música nuevamente en los oídos del mundo, sobre todo por la asociación, más que por coincidencia genérica, con la tímbrica de los instrumentos de viento y la percusión. Hablo del auge, en la década del 90, de las películas de Emir Kusturica y sus bandas sonoras a cargo de Goran Bregovic, que mostró buena parte del folclore balcánico y de Europa del Este, que se expandió cual pandemia. Por un lado, en la fusión del folclore tradicional con rock; por otro, con sus fanfarrias propias. Se trata de músicas que sin estar estrictamente relacionadas ni compartir etnicidades –aunque sí parte de su geografía- dan lugar al resurgimiento o a una moda a la que se pliega el antiguo klezmer, que, escapándose de la escena religiosa, emerge para formar parte de repertorios de agrupaciones relacionadas con los judíos, que resultan atractivas por la alegría de la música y que se vinculan con la música circense y, por directa derivación, con los clowns, malabaristas y afines.
Klezmeron Orkestra puede relacionarse con varias agrupaciones o bandas que, globalización mediante, se enmarcan en la fusión mestiza, generando un pastiche insospechado, que no siempre obtiene resultados positivos. Son grupos que combinan punk, instrumentos de viento, ska, reggae y cuanto género se les cruce, producto del cosmopolitismo de grandes ciudades como Barcelona, París o Nueva York, como Gogol Bordello y similare, que se mezclan con el propio Bregovic o Kusturica hasta llegar a Manu Chao.
Volviendo a Uruguay, Klezmeron Orkestra surge por iniciativa de un tercero a quien denominaron El Padrino –e incluso le dedican una composición-, para agasajar a otro amigo que se casaba. Claro que hablamos de la colectividad judía uruguaya, en cuyo seno la banda hizo sus primeras armas en festividades, e incluso participó en San Pablo en un festival que nuclea bandas de música klezmer de la región. Pero la banda no se completó con integrantes de la colectividad, sino con amigos que impulsaron la fusión y el desarrollo de la orquesta fuera del ambiente de la colectividad o, mejor aún, quitándole la exclusividad.
Un debut con diez composiciones entre las que se animan a incluir tres de su autoría, en particular del trío fundamental y fundacional compuesto por Nathan, Guillama y Rubinstein, quienes incorporan respectivamente “Cirko”, “El Padrino” y “Te presento”. Esta última abre el disco con melodías de aire circense que se funden en lo klezmer y se combinan con una base ska, o, mejor aún, deberíamos hablar de similitudes rítmicas que evocan el ska de origen jamaiquino, que aquí se vincula luego de ser adoptado por una fracción del movimiento punk identificada como 2 Tones, que luego copiaran muchas bandas de rock mestizo. Hay espacio para la improvisación en los solos de los instrumentos.
“Cirko” comienza con un presentador que pregona: “Bienvenidos, queridos y queridas escuchantas, a esta nueva función de Klezmeron Orkestra, pasen y vean qué belleza”. Escalas klezmer y música circense con los instrumentos soleando libres, como en el jazz, con los vientos generando melodías danzantes y alegres, acoplándose al acordeón de aire francés que unifica y evoca. Después llega “A Redl”, una composición tradicional cargada de melancolía por el violín y el piano, a los que luego se suman trompeta y redoblante, que a su vez dan lugar al clarinete y a la batería, que harán la introducción para la entrada de los tambores de candombe que “uruguayizan” el klezmer. Se trata de un candombe en el que por momentos sobrevuela Romeo Gavioli en las melodías, en aquel estilo que, por más surrealista que parezca, en mis oídos se junta con Mulatu Astatke. Más adelante, “Klezmeron”, una de las más tradicionales, y “Foolish Freilaj”, con la que el disco termina a puro ritmo de murga.
Klezmeron Orkestra es un combo joven en el que la experimentación y el viaje anteceden a la destreza, pero aun así no hay un abismo entre ambas. Esa distancia se disimula con el empeño y el afán de mostrar lo diferente con alegría. Una música nueva para los uruguayos, para descubrir y disfrutar.
Para escuchar su música y conocer más sobre la banda ingresar a su web: http://www.klezmeronorkestra.com/