«Hoy somos conscientes de que, en el curso de muchos, muchos siglos, nuestros ojos estaban tan ciegos, que no éramos capaces de ver todavía la belleza de Tu pueblo elegido, ni de reconocer en el rostro los rasgos de nuestros hermanos privilegiados. Comprendemos que la marca de Caín está escrita en nuestras frentes. En el curso de los siglos nuestro hermano Abel yace ensangrentado y en lágrimas por nuestra culpa, pues habíamos olvidado Tu amor. Perdónanos por la maldición que hemos atribuido injustamente a su nombre de hebreos. Perdónanos por haberte crucificado una segunda vez en ellos, en su carne, por ser ignorantes».(Plegaria del Papa Juan XXIII pocas semanas antes de su fallecimiento).
Angelo Roncalli, el futuro Juan XXIII, nació un 25 de noviembre de 1881 en una familia de campesinos. Ordenado en Roma en el 1904. En 1925 ya es enviado por el Papa Pio XI a Bulgaria como representante suyo. Se inicia así su carrera diplomática.
De Bulgaria pasó a Turquía y luego a Grecia, en ambos países como delegado apostólico. Allí lo encontró la Segunda Guerra Mundial: para el pueblo judío la Shoah.
Hacia fines del año 1944 fue designado nuncio en Paris. En 1953 fue designado Cardenal Patriarca de Venecia.
En 1958, el Cónclave de octubre de ese año lo eligió Papa. Tenía casi 77 años de edad y por su avanzada edad se lo consideraba un Papa «de transición». En los poco menos de 5 años de Papado su labor fue extraordinaria: para la humanidad, para la cristiandad y para el pueblo judío.
Mucho se podría escribir sobre su obra en general. Cito un fragmento del libro del historiador César Vidal: «Pontífices»(pg.197). Al referirse al Papa Juan XXIII expresa entre otros conceptos que: «sus encíclicas estuvieron marcadas más por un aliento pastoral que dogmático, ya fuera al denominar ´hermanos separados` a los cristianos no católicos (Ad Cathedram Petri), al actualizar la enseñanza social católica(Mater et Magistra), o al proclamar el ideal de coexistencia también con los regímenes de izquierda (Pacem in terris).»
Por más que debería ser lógico que así fuera, recordemos lo virulentamente anticomunista que fue su predecesor Pio XII.
Continúa Vidal:» Buscador de las buenas relaciones con todas las confesiones religiosas…Aunque su pontificado fue breve, Juan XXIII fue uno de los papas más populares y trascendentales del siglo XX…»
La relación del Papa Juan XXIII con el pueblo judío data mucho antes del célebre Concilio Vaticano II del cual él fue su propulsor. En los años terribles de la Shoah, cuando era delegado apostólico del Vaticano en Turquía, se arriesgó para salvar muchos judíos del exterminio a manos de los nazis. Intervino-a modo de ejemplo- en favor de los judíos eslovacos y búlgaros. Y tal como lo dijo un rabino, si «solamente» hubiese hecho esta humanitaria, notable acción, en hebreo diríamos «Dayenu»(nos habría sido suficiente).Por eso, hace algunos años la Fundación Internacional Raoul Wallenberg presentó en Yad Vashem documentos y pruebas de los actos de salvación de quien en su momento era Angelo Roncalli, para que fuera reconocido como Justo entre las Naciones.
Más cerca en el tiempo, ya Papa, suprimió-casi al inicio de su Papado-de la liturgia del Viernes santo los peyorativos y denigrantes términos «Perfidis» y «Perfidiam» referidos a los judíos. Hizo suprimir o modificar algunas otras oraciones también.
Se recuerda además-entre muchos ejemplos-las bendiciones realizadas espontáneamente por este Papa, a un grupo de judíos al verlos salir de una Sinagoga en nuestro Shabat.
Seguramente se considera como el aporte más célebre de Juan XXIII su iniciativa del Concilio Vaticano II, «el más importante de la historia del catolicismo desde el Concilio de Trento», según Cesar Vidal. El Conclio Vaticano II, que se abrió el 11 de octubre de 1962 adoptó muchas resoluciones importantes para la cristiandad y que influyeron en la humanidad en general. Muchas. Entre las cuales, la Declaración «Nostra Aetate» sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Específicamente el párrafo 4 se refiere al judaísmo.
Dice el historiador judeo-argentino Julian Schvindlerman en su libro «Roma y Jerusalem: la política vaticana hace el Estado Judío» (pg.248) que «La Declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II iniciado por Juan XXIII ha marcado el punto de inflexión teológico más extraordinario en el dogma católico en lo relativo a los judíos…aún cuando se trató de una limitación de la acusación y no de una exoneración, la declaración ha sido incuestionablemente revolucionaria…El antisemitismo pasó a ser condenado por el Vaticano con una fuerza y repetitividad impensadas pocos años antes. Nostra Aetate repudió los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos».
Juan XXIII fue el gestor de todo este cambio.
Si bien falleció algo mas de dos años antes de la redacción final de esta declaración- y hay quienes dicen que de haber continuado viviendo la misma hubiese sido mas positiva y favorable aún- de todos modos comenzó a haber un cambio y el artífice fue él.
Se lo conoce como «Juan el Bueno». Es este el mejor calificativo que un ser humano se puede llevar al más allá.
La humanidad le debe mucho, la cristiandad le debe mucho, el sufriente pueblo judío que es parte de la humanidad, le debe mucho.
Se cumplen 50 años de su fallecimiento. Pues su lamentable deceso se produjo un 3 de junio del año 1963.Las letras que agregamos al título (Z»L) son las iniciales de dos palabras hebreas las que, traducidas, significan «Bendita sea su Memoria».
Fue nuestro hermano. Fue el guardián de sus hermanos judíos.
En esta semana-y siempre- debemos recordarlo con mucho cariño.
En las Confraternidades judeo-cristianas. En las Sinagogas. En cualquier ámbito donde sea posible.
Judíos y no judíos por igual. Todos.
Y aun habiendo pasado ya cincuenta años, recitemos nuevamente por él las palabras de nuestro Kadish: Itgadal ve itkadash sheme raba…
El Papa Juan XXIII (Z»L)- A 50 años de su fallecimiento
03/Jun/2013
Lic. Rafael Winter (Rufo), Copredi