Racismo color blanco

20/Dic/2012

El Observador, Andrés Alsina

Racismo color blanco

A Tania Ramírez le fisuraron el hígado a patadas por ser negra. Eso decían cinco mujeres blancas mientras lo hacían; eso vio el taxista que eligió llevarlas a ellas y no a Tania. El racismo es políticamente incorrecto y por eso todos los partidos políticos expresaron ayer su repudio y a las 18 afrodescendientes encabezaron la Marcha de las Motas desde el Obelisco hasta donde ocurrió el exabrupto. Fueron cien, fueron mil, fueron diez mil. ¿Fueron suficientes? Solo lo hubieran sido y lo serán 3.286.314, incluyendo a las cinco agresoras, al taxista que hizo una opción en la vida, a los que también salían del boliche y eligieron no meterse; solo si fuésemos el país entero que dijese basta de racismo para ponerse de pie en su dignidad.
Pero eso no ocurrirá. No, porque en verdad nadie se sorprendió por lo ocurrido, lo mismo que no nos sorprende la muerte de una mujer por violencia doméstica. Nos puede indignar y hasta soliviantar, pero no nos sorprende porque sabemos en silencio que el racismo existe, que las cadenas invisibles de la pobreza, de la menor educación, de las peores condiciones de vida, de los puestos de trabajo peor remunerados y menos calificados, de las malas condiciones de acceso a la salud, afectan a estos uruguayos; uno de cada diez.
Ese es el racismo silencioso con el cual convivimos con discreción, porque es políticamente incorrecto hace manifestaciones de desprecio a viva voz. Nuestra sociedad ya creó las condiciones por las que no hay ingeniero ni médico negro; no despierta indignación que se digan guasadas como bromas sobre los negros; si son sobre judíos ya es inconveniente y nunca se sabe pero en cambio sobre los gallegos no hay problema. Somos racistas y como tales creemos que lo que nos identifica es aquello que supuestamente nos diferencia, en vez de saber que la suma enriquece. Aunque esto casi no conozca letra de molde, Juan Carlos Onetti tenía su veta de afrodescendiente. Él contaba de su bisabuela negra por parte de padre, del Brasil profundo y pobre, y estaba orgulloso de sus finas manos, bien de negro. Y a continuación jugaba con que era de ascendencia irlandesa afirmando que su apellido original era O’Netti.Tenemos con media sanción una ley que avanzará hacia las demandas de ONU sobre igualdad, y está demorado el Plan Nacional contra el Racismo y la Discriminación, del Ministerio de Educación y Cultura. Pero los negros son candombe, nada más. Un estereotipo muy conveniente pues hasta fecha de vigencia en el calendario tiene. La rica cultura negra, la de aquellos cuyos ancestros no eligieron ser traídos a esta tierra, debería ser enseñada; los estudios terciarios deberían incluir, como bien propone Daniel Vidart, cátedras de estudio sobre las muchas materias que emergen de la necesidad de comprender y sumar. La enseñanza debería incorporar, en todos sus niveles, la tarea de enseñar para la integración. La cuotificación del 8 % de los puestos de trabajo para los afrodescendientes –cuando se termine de aprobar la ley- es, como buena cuotificación, positiva solo a corto plazo. Pero debe servirpara lgorar excelencia. Yo quiero jueces negros.