Testimonio de una mujer, Charlotte Delbo. Una deportada

10/Dic/2012

Mensuario Identidad, Marisa Ruíz

Testimonio de una mujer, Charlotte Delbo. Una deportada

Una Charlotte Delbo fue una francesa nacida en 1923 y muerta en 1985. Era una joven estudiante de la Sorbona cuando se incorporó al staff artístico de Louis Jouvet, gran “patrón” del teatro francés. Ya casada con un militante comunista viajó con la compañía de Jouvet a Sur América en una gira teatral en 1940. En Buenos Aires leyendo la prensa se enteró de la ejecución de un amigo, por resistente. Decidió volver, pese a las objeciones de Jouvet y el resto de la compañía. En su retorno a Francia se unió a la Resistencia junto con su esposo George Dudach. Ambos fueron detenidos por la GESTAPO en noviembre de 1941 y Dudach fue fusilado el 23 de mayo después de haberse negado a ir a trabajar a Alemania. Desde la Sante, Delbo es trasladada a la prisión de Romainville de donde es deportada a Auschwitz – Birkenau. Fue en el convoy del 24 de enero de 1943 y fueron deportadas 230 mujeres con la peculiaridad de estar comprometidas en actividades resistentes. Más de la mitad eran comunistas. Se bajaron del tren cantando La Marsella. Solo regresaron cuartenta y nueve. Delbo estuvo cinco meses en Birkenau y luego fue trasladada a Raisko donde las condiciones de vida eran mejores y finalmente a Ravensbruck en enero de 1944. Días antes del final de la guerra, 1945, fue rescatada con otras mujeres, por la Cruz Roja Sueca.Delbo fue una privilegiada, por no ser judía no estuvo inmediatamente sujeta a selección y asesinato en las cámaras de gas, pero un elemento en que insisten, en primer lugar ella y los/las estudiosos/as de su obra , fue que la permanencia junto a sus compañeras francesas la ayudó en ese combate cotidiano de permanecer con vida. Ella lo reconoció en varios pasajes de su obra. Saliendo de los campos en 1945, escribió el primer tomo de su obra testimonial que en francés se llamó: Aucun de nous ne reviendra (Ninguno de nosotros retornara). Dicha obre será publicado en 1965 y lo seguirán Un conocimiento inútil y La Medida de nuestros días en 1970 y 1971. Charlotte Delbo en su trilogía se refiere a Auswichtz con un lenguaje de gran poesía donde lo intolerable esta narrado a través de metáforas pero también de imágenes reales describiendo lo terrible de la situacion. Relata la presencia de dos memorias: una memoria cotidiana y una presencia perenne a la cual llamó memoria profunda. La primer definirá su identidad, la segunda será una presencia inmanente, irguiéndose amenazadora: Delbo habla de dos yo “: el “yo” de ahora y el yo post-Auschwitz–, existiendo bajo el control de lo que ella denomina mémoire ordinaire —memoria cotidiana–, y el “yo” de entonces, el “yo” de Auschwitz. La memoria cotidiana, dice la autora, nos insta a considerar el sufrimiento de Auschwitz como parte de una cronología que podemos conceptuar intelectualmente. La usamos para los testimonios judiciales, para las entrevistas periodísticas, para dar testimonios orales a los demás. La memoria profunda, por otro lado, nos recuerda que el pasado de Auschwitz no es realmente pasado y nunca lo será Delbo utiliza la imagen de una serpiente mudando su piel para metaforizar el sentido de su “nueva” naturaleza emergida luego de los años de campo.Desafortunadamente, al contrario de lo que ocurre con la piel de serpiente, que se seca, se desintegra, y desaparece, lo que Delbo llama la piel de la memoria de Auschwitz permanece. Ella escribió: “Auschwitz está tan profundamente grabado en mi memoria, que no puedo olvidarme ni un momento de él. ¿Entonces estoy viviendo con Auschwitz? No, yo vivo cerca de él. Auschwitz está allí, inalterable, preciso, pero envuelto en la piel de la memoria, una piel impermeable que se aísla de mi yo presente”De este testimonio surgen dos elementos, uno es la memoria profunda que nos ancla en el lugar físico y mental de la prisión y otro es el desdoblamiento del yo. En los casos examinados, ambos procesos encuentran una situación de amortiguación y de deseo de seguir viviendo o una obligación de seguir viviendo, por la presencia del colectivo de las compañeras.El entorno que rodea a Delbo y sus compañeras, son los campos, son deportadas políticas francesas que intentaron siempre permanecer juntas y ante el mas mínimo respiro, su traslado a Raisko, un campo de trabajo y no de exterminio, montan una obra de teatro:” El enfermo imaginario de Moliere”, que reconstruyen de memoria y que representan ante mujeres polacas que casi todas sabían francés. La memoria profunda tiene el peligro de desplegar lo que ha recogido y esto puede horadar las creencias que los lazos humanos son inviolables, que el sufrimiento es sacrificio y que la muerte trae el revivir. La memoria profunda puede ser tan intolerable que solo puede ser representada o contenida en una narrativa cuidadosamente estampada que conceptualiza a las personas como sobrevivientes, su vida diaria en cautividad como resistencia y su liberación como clausura de esa experiencia. Lawrence Langer.Un ejemplo de solidaridad, calmar la sedDelbo en circunstancias físicas y ambientales terribles, donde morir de hambre y sed era una posibilidad cotidiana, pudo mantener su vida por sus compañeras y esto no es una metáfora. Aunque larga. esta cita lo demuestra “Tenía sed desde hacía días y días, una sed como para perder la razón, una sed que me impedía comer porque no tenía saliva en la boca, que me impedía hablar porque no se puede hablar cuando no hay saliva en la boca. Tenía los labios agrietados, las encías hinchadas, la lengua como un trozo de madera. La hinchazón de las encías y la lengua me impedía cerrar la boca, que llevaba siempre abierta, como una perturbada, con las pupilas dilatadas y la mirada huraña, como una perturbada. Al menos eso me dijeron después las demás. Creían que me había vuelto loca. Yo no oía nada ni veía nada. Creían incluso que me había quedado ciega. Más tarde me llevó mucho tiempo explicarles que no estaba ciega pero no veía nada. Tenía los sentidos anulados por la sed […[Sostenida por Viva, rodeada y oculta por las demás, fingía trabajar. Iba y venía al mismo tiempo que ellas con un arbusto en la mano, pero no tenía fuerzas para agacharme y dejarlo junto al surco de donde un polaco tomaba los arbustos para plantarlos…[ ] Inconsciente, atontada, no sentía, no percibía nada. Volvió Carmen. Ella y Viva, después de asegurarse de que todo estaba en orden, me agarraron cada una por un brazo y me llevaron a un rincón que formaban un lienzo de muro y el montón de arbustos que teníamos que plantar. «¡Ahí está!», dijo Carmen señalándome el cubo de agua. Era un cubo grande de zinc de los que usan los campesinos para sacar agua del pozo. Estaba lleno. Me solté de Carmen y Viva y me lancé sobre el cubo. Me lancé literalmente. Me arrodillé junto al cubo y bebí como beben los caballos, hundiendo la nariz en el agua, hundiendo toda la cara. No sabría decir si el agua estaba fría -debía de estarlo, recién sacada y a comienzos de marzo- yo no notaba la cara fría ni mojada. Bebía y bebía hasta quedarme sin respiración y de vez en cuando tenía que sacar la nariz del agua para tomar aire. Lo hacía sin dejar de beber. Bebía sin pensar en nada, sin pensar en el riesgo de que tuviera que parar, de que me golpearan si aparecía una kapo. Bebía. Carmen, que estaba de vigilancia, dijo: «Es suficiente por ahora». Me había bebido la mitad del agua. Hice una pequeña pausa sin dejar de abrazar el cubo. «Ven», dijo Carmen, «ya es suficiente». Sin contestar -habría podido hacer un gesto, una seña-, sin moverme, volví a hundir la cabeza en el cubo. Bebí y bebí. Como un caballo, no como un perro. Los perros dan lengüetadas. Forman con su ágil lengua una cuchara en la que transportan el líquido. Los caballos beben. El agua se agotaba. Incliné el cubo para apurarlo hasta el fondo. Casi tumbada en el suelo, aspiré hasta la última gota sin derramar ni una sola. Hubiera querido incluso lamer el borde del cubo. Tenía la lengua demasiado rígida. Demasiado rígida también para lamerme los labios. Me enjugué la cara con la mano y me pasé luego la mano por los labios. «Tienes que venir ya», dijo Carmen, «el polaco reclama su cubo», y al mismo tiempo hacía señas a alguien que estaba detrás de ella. Yo no quería soltar el cubo. No podía moverme de tanto como me pesaba la barriga. Se había convertido en algo independiente, en una especie de lastre o fardo que colgaba de mi esqueleto”Delbo sobrevivió para la comunidad y por la comunidad, aunque debemos utilizar el plural, para varias comunidades, para las francesas que la acompañaban y de las cuales pocas sobrevivirían y para las mujeres del Holocausto, de las cuales fue una testimoniante , del lado de las gentiles. Junto con Jorge Semprun, son los testigos gentiles mas importantes de la Shoa, que vivieron y murieron para que nada fuera olvidado. Esperemos que esto se cumpla.