La igualdad de los sexos es la lucha moral de hoy

22/Oct/2012

El País, Uruguay, Que Pasa, Nicholas D. Kristeff

La igualdad de los sexos es la lucha moral de hoy

NICHOLAS D. KRISTOFF | COLUMNISTA
El talibán arrojó dos veces cartas de advertencia al hogar de Malala Yousafzai, adolescente paquistaní de 14 años que es una de las promotoras más persuasivas de la educación de las niñas. Le ordenaban que detuviera su activismo o se atuviera a las consecuencias. Ella se negó a dar marcha atrás, intensificó su campaña e incluso lanzó un fondo para ayudarles a niñas paquistaníes pobres a obtener una educación. Así que hombres enmascarados se acercaron a su ómnibus escolar y preguntaron por ella. Le dispararon en la cabeza y el cuello.
«Que esto sea una lección», dijo más tarde un portavoz del talibán paquistaní, Ehsanulá Ehsan. Agregó que si ella sobrevive, el talibán intentaría matarla de nuevo.
Los cirujanos ya sacaron una bala del cuerpo de Malala y ella sigue inconsciente, en condición crítica, en un hospital en Peshawar. Un cercano amigo de la familia, Fazal Moula Zahid, me dijo que los médicos abrigan la esperanza de que no haya habido daño cerebral y que regresará a la escuela. «Tras la recuperación, seguirá teniendo una educación», dijo Fazal. «Nunca, nunca dejará la escuela. Irá hasta el final».
El día previo a que Malala fuera baleada, lejos, en Indonesia, otra niña de 14 años en busca de una educación sufrió por una misoginia de otro tipo. Traficantes sexuales se habían acercado a esta jovencita a través de su perfil de Facebook, para luego detenerla y violarla durante una semana. La liberaron luego que su desaparición apareciera en el informativo. Cuando su liceo privado se enteró de lo ocurrido, le dijo a ella que había «opacado la imagen de la escuela», con base en una versión de la Comisión Nacional de Protección a los Derechos del Menor de Indonesia. La escuela la expulsó de manera pública -frente a cientos de compañeros- por haber sido violada.
Estos sucesos nos recuerdan que la lucha mundial por la igualdad entre los sexos es la máxima lucha moral de este siglo, equivalente a las campañas contra de la esclavitud del siglo XIX y contra del totalitarismo en el siglo XX.
Es fácil descartar ese tipo de incidentes como barbaridades distantes, pero tenemos un punto ciego para nuestras propias injusticias, como el tráfico sexual. A lo largo de Estados Unidos, jóvenes adolescentes son traficadas por proxenetas en sitios web como Backpage.com. Y después, con demasiada frecuencia, son tratadas por la policía como criminales en vez de víctimas. Estas niñas no solo son expulsadas de la escuela: son arrestadas.
Tampoco apreciamos la manera en que incidentes como el ataque en Pakistán representan un amplio argumento sobre si las niñas merecen derechos humanos e igualdad de educación. Malala era una de las líderes del grupo que dijo «sí». Después de aspirar a ser médico, dijo que quería ser política -siguiendo el modelo del presidente Barack Obama, uno de sus héroes- para hacer avanzar la causa.
Pakistán es un país que históricamente ha sufrido de una dirigencia tímida e ineficiente, reacia a enfrentar a los militantes. Un verdadero liderazgo surgió de una valiente jovencita de 14 años.
Del otro lado está el talibán, que entiende perfectamente lo que está en juego. Le dispararon a Malala porque la educación de las niñas amenaza lo que representan. El mayor riesgo para extremistas violentos en Pakistán no está en los aviones teledirigidos de Estados Unidos. Está en las niñas educadas.
«Esta no es solo la guerra de Malala», me dijo una estudiante de 19 años en Peshawar. «Es entre dos ideologías, entre la luz de la educación y la oscuridad».
Una de mis mayores frustraciones cuando viajo a Pakistán es que suelo detectar madrazas extremistas, o escuelas, financiadas por misóginos medievales de Arabia Saudita u otras partes. Ellos proveen comidas, no cobran cuotas escolares y, a veces, ofrecen becas para atraer jóvenes. Esto porque sus donadores entienden perfectamente que la educación moldea países. Por contraste, la ayuda estadounidense se relaciona principalmente con mantener al ejército paquistaní. Nosotros hemos triplicado la ayuda a la educación paquistaní, hasta 170 millones de dólares anualmente, y eso es magnífico. Sin embargo, eso equivale a menos de una décima parte de nuestra ayuda de seguridad para Pakistán.
En el correo electrónico más reciente de Malala a un colega del Times, Adam Ellick, ella escribió: «Quiero acceso al mundo del conocimiento». El talibán entiende claramente el poder transformador de la educación para las niñas. ¿Y nosotros?
*Kristof tiene dos columnas semanales desde 2001 en The New York Times, diario para el que trabaja desde 1984. En 1990 (junto a su esposa, Sheryl WuDunn) ganó un Pulitzer por su cobertura de los sucesos de la plaza Tiananmen en China. Ganó otro Pulitzer en 2006 por sus columnas. Ha publicado varios libros. Esta columna refiere a lo ocurrido el El 9 de octubre en Mingora, una adolescente de 14 años Malala, resultó herida en un hombro y en la cabeza por balazos disparados por talibanes. Fue trasladada a Birmingham a un hospital que atiende a los soldados heridos en Afganistán.