Sesenta años del asesinato de los intelectuales judío-soviéticos

17/Ago/2012

Identidad, Lic. Rafael Winter (Rufo)

Sesenta años del asesinato de los intelectuales judío-soviéticos

En el año 1917 tuvo lugar la Revolución Rusa. A nivel mundial, uno de los acontecimientos más importantes del siglo pasado. Demás está decir que repercutió sobre los judíos. No por casualidad muchos de ellos tomaron parte activa en la misma y varios en tareas y cargos importantes. Consideraban –entre otras cosas- que luego de siglos de sufrimiento bajo el zarismo, la Revolución comunista solamente podría mejorar su situación aunque, por cierto, pagando un precio muy alto: el precio era abandonar el judaísmo, es decir la asimilación. Por lo menos en lo que tiene que ver con las tradiciones y costumbres  judías. Sea como fuere, se esperaba un futuro mejor.Seguramente hubiese sido así si Lenin –artífice de la Revolución, con una postura comprensiva hacia los judíos y fuerte crítico del antisemitismo- hubiera vivido más tiempo. Pero Lenin murió en 1924, relativamente joven. Se desató una puja por el poder del cual –como sabemos- Trotsky quedó relegado y Stalin emergió victorioso. Stalin “disfrazó” en parte su antisemitismo -aunque más no sea relativamente- durante varios años, incluyendo los de la Segunda Guerra Mundial. Por necesidad, debido a la gravedad de la situación imperante, permite la creación de un Comité Judío Antifascista cuya figura central será el gran actor judío-ruso Shloime Mijoels.En cuanto a manifestaciones culturales, se autoriza –aunque con altibajos- la cultura idish: teatro, publicaciones, periódicos, libros, editoriales y he aquí que proliferan decenas y decenas de escritores judíos en idish, profundamente identificados con el régimen. La paranoia –locura  antisemita invade a Stalin, especialmente a partir del año 1948. Ya estábamos en los comienzos de la Guerra Fría y –en ese contexto- el antisemitismo, ya no más disfrazado de Stalin, se manifiesta abiertamente. Con el beneplácito sin duda  -como siempre había sido y seguiría siendo-  de amplios sectores de la sociedad. En dicho año, el actor Mijoels es asesinado. El Comité Judío Antifascista en Moscú es disuelto. Editoriales son clausuradas. Periódicos en idish también. Las acusaciones y/o pretextos eran: “nacionalismo burgués judío”, “sionismo”, “cosmopolitismo” entre otros. Las medidas represivas contra judíos se incrementan. Deportaciones (dentro de la misma Unión Soviética) y purgas contra judíos se acrecientan. No serían las primeras, pero –en el caso de los judíos- fueron las más duras. El punto culminante de todo este proceso, en el cual la locura antisemita de Stalin llegó al clímax, fue el asesinato  de los escritores judío-soviéticos, el cual tuvo lugar el 12 de agosto de 1952. Entre dichos intelectuales había nombres muy ilustres como los de Itzig Fefer, Der Nister, David Bergelson, Peretz Markish, entre otros. Realmente grandes escritores. Máximos exponentes de la cultura idish. Varios de ellos tenían su “corazoncito” judío. Pero, por sobre todo eran comunistas convencidos y leales compañeros de lucha desde el comienzo de la Revolución. También ellos en general veían en la asimilación la solución al flagelo antisemitismo. No hubo caso. El régimen no tuvo piedad de ellos. No sería el último golpe de Stalin, quien, de todos modos, habría de morir pocos meses después. El asesinato de los escritores judío-soviéticos marca un momento culminante de la judeo-fobia stalinista. Un golpe terrible, irreparable contra la cultura judía-idish en la URSS.Por más que el stalinismo languidecía, las consecuencias del mismo se seguirían  –se siguen- sufriendo aún mucho tiempo después. Pasaron sesenta años…