Javier Espinosa, corresponsal de guerra, explica el conflicto desde adentro
Establecido en Medio Oriente desde hace 10 años, Javier Espinosa es una de las pocas personas que transmiten en castellano lo que pasa por estos días en Siria, donde se libra una guerra que empezó hace 17 meses y cuya única evolución parece ser larga y sangrienta. En la década de 1990, el periodista empezó a usar sus vacaciones para ir a conflictos como el de Sri Lanka, Angola o la ex Yugoslavia. Al cabo de 20 años, Espinosa está radicado en Beirut y es un ejemplar de una especie en extinción: la de los corresponsales de guerra. A través de Skype, relató su experiencia a El Observador.
¿Cómo es trabajar como reportero en Siria? ¿Accede a los protagonistas del conflicto?
Depende, si estoy en Siria hablo con todos, si estoy en Beirut, hablo con los exiliados sirios o me comunico con la gente que conozco en el interior a través de Skype. La mayor parte de la información procede del lado rebelde porque el régimen no acepta trabajar con periodistas que han estado con los rebeldes, como es mi caso.
¿El gobierno lo identificó y no le da información?
En efecto, me concedieron un visado tras seis meses pidiéndolo pero me lo dieron justo cuando ya había iniciado mi primer viaje con los rebeldes en noviembre del 2011. El día que publiqué un artículo desde Siria me anunciaron que tenía el visado y ese mismo día lo anularon.
¿Cuáles son las principales diferencias entre Siria y los demás países de la primavera árabe?
Estuve en Yemen, Bahréin y Egipto. En Siria el problema es el componente sectario, muy complejo y capaz de desbaratar todo el país y dividirlo en cantones. Además, en este país se entremezclan los deseos reales de una mayoría del pueblo, que quiere libertad como en los casos de Túnez, Bahréin o Egipto, y las interferencias de las naciones que siempre han considerado a Siria como un adversario (EEUU, Israel o Arabia Saudita).
¿No hay chances de que Bachar Al Asad se rinda?
No, porque se trata de una cuestión de supervivencia y de comunidad. Detrás de él se agrupan casi todos los alauitas, que son casi el 11 % de la población: el régimen les ha vendido la idea de que los opositores quieren exterminarlos y las minorías que luchan por su supervivencia son feroces (basta con estudiar el ejemplo del Líbano).
¿Y cuál sería la solución del conflicto?
Desgraciadamente, nos enfrentamos a una guerra civil de larga duración y cuyo final puede ser muy incierto. Hay muchas posibilidades de que el conflicto se extienda a otros países, como el Líbano. La solución menos sangrienta sería un golpe de Estado interno entre los alauitas, pero no sé si eso es posible. La posibilidad de una división del país también es una hipótesis muy probable, al menos de facto y durante mucho tiempo, tal como ocurrió en el Líbano durante la guerra civil.
¿Una intervención de la OTAN detendría la guerra?
No, porque ni Rusia ni China lo permitirán. Además, una intervención al estilo Libia supondría una guerra regional: Siria bombardearía de inmediato a Israel y Turquía con cientos de misiles. Para Occidente, el escenario menos malo (y ese es un argumento que le reprochan mucho los sirios) es el actual: Al Asad debilitado pero con la guerra contenida en los límites geográficos de Siria.
¿Y qué es lo que desean los sirios?
Los rebeldes quieren acabar con Al Asad y su clan, pero imagino que los seguidores de Al Asad por miedo o por lealtad confesional opinan todo lo contrario. Es un escenario muy complejo. En Libia en la primera semana de la revolución la mitad del país se sublevó y desertaron unidades enteras del ejército, provincias enteras y ciudades. Eso no ha pasado en Siria. Si estableciéramos una comparación, Siria estaría ahora en los albores de la revuelta libia. Y ha pasado ya más de un año y medio.
¿Los afectados reciben ayuda internacional?
Es muy limitada, depende mucho de ONG específicas, de empresarios con dinero, pero no hay una campaña coordinada de la comunidad internacional. Ahora tan solo se están recibiendo algunas ayudas para los refugiados en países como Jordania o Turquía.
¿Por qué fracasa el envío de ayuda de la ONU?
Siria es un ejemplo del fracaso de la ONU: el sistema del veto no funciona y no funciona en el caso sirio como no ha funcionado antes en el caso de Israel. Rusia solo está usando la misma política que EEUU, que ha vetado en incontables ocasiones resoluciones contrarias a Israel. Con ese sistema de monopolio de cinco grandes, la política internacional se encuentra secuestrada por esos superpoderes y crisis como la de Siria se pueden extender durante años.
¿Cómo viven los refugiados en países como el Líbano?
Aquí tienen una situación muy complicada porque el gobierno es aliado de Siria, así que ni siquiera los reconocen como tales. No tienen ni derecho a la asistencia pública, viven apelotonados en casas que pagan como pueden. Ha aumentado mucho la indigencia y los niños que piden en las calles; otros se dedican a organizar la asistencia a los rebeldes en zonas sunitas del norte del país. En realidad, su presencia y la crisis siria están acrecentando el sectarismo que ya domina la sociedad libanesa.
¿Usted se reúne con frecuencia con los refugiados?
Sí, a menudo. Suelo ir mucho a Trípoli, en el norte, que es donde se concentra la mayoría. Desgraciadamente, allí también suelen reproducirse los choques confesionales porque hay milicias alauitas aliadas de Damasco y milicias salafistas sunitas aliadas de los rebeldes. Es un escenario supercomplejo.
¿Alguna vez su vida corrió peligro?
Cuando cubres un conflicto siempre hay riesgos, pero muchos menos que los que enfrentan los civiles. Ellos son los que se quedan en medio del conflicto cuando los periodistas nos vamos.
Perfil
Javier Espinosa
Corresponsal de guerra
48 años
Tiene esposa y dos hijos
Vivió en Jerusalén cuatro años y desde 2006 está en Beirut, desde donde se traslada a cubrir conflictos en los países de la zona. Fue a Siria cuatro veces después de iniciada la guerra y en febrero se salvó de la muerte cuando escapó de la ciudad de Homs horas antes de que murieran otros reporteros. Siempre trabajó para el diario El Mundo y valora la posibilidad que le da su trabajo de viajar y conocer gente de entornos muy diversos.
“En Siria hay una guerra civil de larga duración y final incierto”
13/Ago/2012
El Observador, Carolina Bellocq