Una bomba de tiempo para la región

19/Jul/2012

Ana Jerozolimski cortesía para CO.PRE.DI

Una bomba de tiempo para la región

Nunca estuvo tan claro como ahora que la caída del régimen de Bashar al-Assad en Siria es cuestión de tiempo. Incluso podría faltar muy poco tiempo. El mortífero atentado perpetrado ayer contra su cúpula de seguridad alienta a sus oponentes, hace sentir al propio presidente mucho más vulnerable y permite que muchos alrededor de Siria abran bien los ojos.
Su entorno, los países vecinos y quienes lo observan desde más lejos prestan mucha atención a lo que sucede en Siria, pese a su evidente aislamiento desde hace ya varios años. Basta con recordar que la Siria de Al-Assad es el mayor aliado de la República Islámica de Irán para comprender la importancia de su rol en Medio Oriente.
Los expertos que estuvieron manifestando sus opiniones acerca de este tema en los últimos meses, parecían no tener dudas: la eventual caída de Al-Assad significará un debilitamiento de Irán, que encabeza el llamado «eje del mal».
«Eso está clarísimo -dice a LA NACION el doctor Mordejai Keidar, experto en Medio Oriente en el centro de investigación BESA, en la universidad de Bar Ilan-. La caída de Bashar al-Assad será un problema para Irán, que se verá debilitado, y perderá un ancla importante. Es más: yo diría que Siria era el caballo de Troya de Irán en el mundo árabe, y la caída del presidente sirio devolvería a Teherán varios pasos hacia atrás.»
Keidar ya habla en pasado, pero tiene claro que el futuro depara para la región no pocos problemas, aún con bastante incertidumbre. Por un lado, Irán sentirá la pérdida de la «base» siria, a la que abastece de armas y por la cual las hace llegar también al movimiento fundamentalista Hezbollah en el Líbano, vecino de Siria. Por otro lado, precisamente por esta situación negativa para Irán, la Guardia Revolucionaria puede «perder los estribos».
«Irán puede enloquecerse en el Golfo [Pérsico] -advierte este experto israelí en Medio Oriente e islam-. Recordemos que ya tiene el control de Irak y que quiere concretarlo en todo el Golfo.»
Las implicaciones de una caída de Al-Assad sobre la región en general tienen mucho que ver con la estructura actual de Siria y con su capacidad bélica.
El país está dividido en diferentes comunidades, y el hecho de que una comunidad minoritaria, la alauita, sea la que gobierna, constituye todo un símbolo. Diversos especialistas estiman que el mayor peligro en Siria no sería necesariamente la toma de poder por parte de islamistas radicales -como se habló en otros países árabes al estallar sus respectivas revoluciones-, sino el de la fragmentación.
Claro que un régimen islamista radical es una posibilidad peligrosa, especialmente para su vecino del Sur, Israel, pero por la división interna entre alauitas, musulmanes sunnitas, beduinos, drusos y otros grupos, puede ser una bomba de tiempo, agravada por los avatares de la violencia de los últimos meses. Esto significa una seria inestabilidad.
TERRORISMO
Pero el peor riesgo es que una situación de falta de un gobierno centralizado aumenta el peligro de que organizaciones terroristas se apoderen de la gran cantidad de misiles de largo alcance y hasta del arsenal químico que desarrolló la Siria de Al-Assad.
«Para Israel, ése es el mayor peligro -opina Keidar-. Los países árabes están lidiando con numerosos problemas y creo que dejarán en paz a Israel por unos años. Pero las organizaciones terroristas, especialmente Hezbollah y otros afiliados o grupos inspirados en Al-Qaeda, tienen una agenda de conflicto abierto con Israel y ese frente es más que complejo.»
Hace unos meses, el analista de asuntos árabes de la televisión pública israelí Oded Granot hacía referencia a la singular problemática de la situación para el Estado judío: «Israel se encuentra ante un dilema muy importante. Bashar al-Assad selló una alianza con el diablo y se unió a Irán. Ha proporcionado cantidades enormes de armas al grupo Hezbollah en el Líbano, ayuda a Hamas en la Franja de Gaza y también intentó crear armas nucleares. Por otro lado, en todos estos años ha garantizado que no haya ni un solo disparo en la frontera».
O sea, a los israelíes se les plantea un dilema de difícil resolución: si tener que lidiar con un enemigo muy difícil pero que garantiza cierta estabilidad, o tener que tratar con un nuevo enemigo aún desconocido, que podría ser más peligroso todavía.
El dilema, claro está, lo resolverá sólo el tiempo.