Odio a la mujer

11/Jul/2012

La Vanguardia, Pilar Rahola

Odio a la mujer

Nos miramos fugazmente, y los desprecios mutuos se cruzaron como si fueran un lenguaje imposible
Artículos | 11/07/2012
PILAR RAHOLA
Cada día hay más mujeres en nuestro país que se pasean embutidas en negras cárceles textiles, muchas ni tan sólo con mirilla para ver el mundo. Ayer me encontré con una de ellas en el centro de Barcelona y me quedé mirándola, intentando vislumbrar la vida que latía bajo ese fanatismo feudal que la relegaba. Pero no pude ver nada, porque delante de mi sólo había un manto negro que agredía mi mirada y me recordaba que, para millones de mujeres, el siglo XXI vive en el siglo VIII. Por supuesto a su lado estaba el machito de turno, vestido con jeans, paseando su trofeo humano por las calles de Europa, muy seguro de su dominio. Nos miramos fugazmente, y los desprecios mutuos se cruzaron como si fueran un lenguaje imposible. Él debió de pensar que yo era una libertina insumisa cargada de pecados, como todas las infieles, y yo pensé que era un pobre desgraciado incapaz de gozar de la extraordinaria fuerza de una mujer libre, tan poca cosa que necesitaba tenerla esclava. En algún momento pensé en los dioses negros que habitan en su cerebro fanático, y lamenté que no conociera algún dios de luz.
La cuestión, sin embargo, no es mi anécdota personal, cada día más recurrente por estos parajes, sino su proliferación. ¿Dónde quedó la famosa decisión de no permitir los niqabs en muchas ciudades? Por ahí corrían algunos policías que por supuesto no hicieron nada. Y no creo que nadie haya hecho nada en ningún lugar del país, perdidos en nuestra grandilocuente pero incapaz retórica política. Mientras tanto el fenómeno integrista crece subterráneamente, como si fuera una imparable mancha de aceite. ¿No es extraño, por ejemplo, que en un solo año se hayan abierto en Catalunya 28 mezquitas nuevas, según los datos del Observatorio Religioso del Ministerio? Y ello a pesar de la moratoria de algunos municipios ¿Y no lo es que Catalunya tenga 242 mezquitas, mientras que Andalucía tiene 180 o Madrid 106? Y ello sin contar las mezquitas-garaje, que no están legalizadas, ni catalogadas.
A la par, ¿no deberíamos preguntarnos por qué crecen sin parar tantas mezquitas y, en cambio, no crecen centros culturales que enseñen cultura, historia, identidad, sin otra voluntad que el conocimiento?
Me dirán algunos que se trata de religión y me temo que tendré que desmentirlos. No se trata de religión. Se trata de mucho dinero, proveniente de dictaduras islamistas -esas tan amigas- que dedican su enorme poder financiero a potenciar un islamismo rigorista, medieval y antioccidental. Se trata, pues, de tejer una sólida red de centros religiosos que atrapen en el discurso fundamentalista a todos los ciudadanos musulmanes que están en tierra infiel.
Por supuesto no todas las mezquitas responden a esa idea, pero las que no lo hacen quedan segregadas. Y ¿qué hacemos nosotros? Nosotros calladitos y mirando hacia otro lado, no fuera caso que nos despertáramos de la siesta.