29-5-2012Julio Guillot, Periodista Me parece repugnante hacer distingos entre los seres humanos en razón de su origen, de sus características raciales, del color de su piel, de su cultura, de sus creencias religiosas, de su pertenencia a uno u otro género, de su opción sexual. En fin, creo que toda esa diversidad merece nuestro respeto; y hablo de respeto y no de tolerancia, ya que este último término implica la idea de ‘soportar’ a regañadientes.Ahora bien, esta postura radicalmente contraria a la discriminación no me impide señalar algunos extremos en que suelen caer los militantes antidiscriminación. Por ejemplo, la manía de proscribir ciertos vocablos considerados discriminatorios, a pesar de que la inmensa mayoría de quienes los emplean jamás lo hagan con intención discriminatoria. Concretamente, el sustantivo ‘negro’ para referirnos a individuos pertenecientes a la raza mayoritaria del África. Desde hace un tiempo, si uno pretende ser políticamente correcto, es preciso decir ‘afrodescendiente’. Ese prurito ya estaba presente en la mentalidad media rioplatense desde hace muchísimo tiempo, y la gente bienpensante prefería usar el término ‘moreno’ para no pronunciar ‘negro’. No creo que ninguna de las dos maneras de referirse a individuos de la raza originaria del África subsahariana sea peyorativa ni discriminatoria, pero respeto, también, a quienes proponen el cambio léxico y sugieren el término ‘afrodescendiente’.La semana pasada un grupo de estudiantes de un prestigioso colegio montevideano fue agredido por elementos ajenos a la institución. Al día siguiente pudo leerse en el Facebook de ese colegio privado la información del hecho, que fue atribuido a «una manada de morenos» (sic). Como se ve, quien redactó la noticia evitó el término ‘negro’ y lo remplazó por ‘moreno’, creyendo que así quedaría a salvo de cualquier acusación de discriminación. El pobre fue traicionado por su subconsciente racista cuando se le escapó la palabra ‘manada’. Este sustantivo designa un conjunto de ciertos animales de una misma especie que andan reunidos (una manada de lobos, por ejemplo), y resulta muchísimo más discriminatorio y esencialmente peyorativo que el muy sencillo e inocente vocablo ‘negro’.Podría haber usado el colectivo ‘patota’ a secas; pero sobre todo no había necesidad de mencionar la raza a que pertenecían sus integrantes. He ahí una de las formas solapadas de racismo.
Sutiles formas de racismo
29/May/2012
La República, Julio Guillot